“La educación argentina en situación terminal”: los docentes de ReNaCe proponen un “DNU” para sacar a la escuela de su agonía

Con formato de “decreto de necesidad y urgencia”, enumeran todas las fallas del sistema actual, desde el interés de alumnos, docentes y directivos. Declaran el estado de emergencia educativa y convocan “a toda la comunidad a unirse en la lucha por reencauzar el rumbo de nuestra educación”.

ReNaCE, la Red Nacional por la Calidad Educativa, creada en marzo pasado, viene alertando sobre las sucesivas decisiones del Ministerio de Educación de la Nación, con frecuencia replicadas por los ministerios provinciales que atentan contra la salud de la escuela. “A esta altura de los acontecimientos y con los resultados de las pruebas Aprender como aval, además de lo que se puede ver en el acontecer diario de las escuelas, podemos decir que la educación argentina está en situación terminal”, afirman.

Es por ello que, con el formato de un “decreto de necesidad y urgencia”, enumeran todos los considerandos que resumen las inquietudes y reclamos de estudiantes, maestros y autoridades y hacen un llamado “a toda la comunidad a unirse en la lucha por reencauzar el rumbo de nuestra educación” y a “todos los actores de la política para trazar una estrategia para el corto, mediano y largo plazo que nos lleve a estar orgullosos de la calidad educativa argentina”.

Frente a este panorama, los representantes de cada provincia de la Red Nacional por la Calidad Educativa (ver las firmas al pie de esta nota) presentaron una proclama de alerta máxima, bajo la forma metafórica de un DNU, Decreto de Necesidad y Urgencia.

La Red, que coordinan Liana Pividori, Analía Luce y Gabriela Vidal Curto, cuestiona esencialmente el facilismo, el fraude que representa la promoción y titulación de alumnos sin acreditación de aprendizajes, la desvalorización del esfuerzo, la degradación de la autoridad del maestro tanto en el plano pedagógico como disciplinario, el recorte de contenidos, las medidas no consensuadas impuestas por tecnócratas ministeriales, la prioridad puesta en cuestiones secundarias y hasta artificiosas, como el lenguaje inclusivo. En consecuencia, llaman a repudiar “las modificaciones de los regímenes académicos que apunten a la pauperización de la calidad”, como la promoción directa, la eliminación de repitencia y la flexibilización de los criterios de evaluación y asistencia; a “rechazar categóricamente toda forma de adoctrinamiento ideológico en las escuelas” y a “reivindicar valores como la libertad, la igualdad, la justicia, la verdad, la integridad, la tolerancia, la empatía, la solidaridad, la gratitud, la paz, la honestidad, la responsabilidad, el trabajo y el esfuerzo”; también a “proclamar al ‘mérito’ como el derecho a ser reconocido por lo que se ha hecho por uno mismo, valorando la superación de circunstancias adversas afrontadas en dicha travesía”.

También convocan a “pensar con seriedad y responsabilidad en una educación que busque potenciar al máximo las posibilidades de cada uno y modele una propuesta adecuada a los desafíos del presente, sin pérdida de nuestra identidad argentina y federal”.

Los alumnos plantean con desesperación: “En la educación falla todo, falla el alumno, el docente, la familia, el Estado. Falla aquel alumno que se mentaliza que no puede; falla el docente al hacerle creer que eso es cierto; falla aquella familia que no da el apoyo a su hijo, ni exige una mejor educación; fallan los adultos que no se hacen responsables de sus menores; falla la educación que nos miente, porque nos aprueba, nos da títulos en sistemas en los que los contenidos son escasos o nulos; y falla el Estado por permitir que todo esto pase, por premiar con becas a los alumnos que no se esfuerzan y no a los que se esmeran o se destacan en la escuela. Somos una generación a la que nos hicieron creer que somos inútiles, que no podemos, o que solamente podemos si los profesores nos dan un trabajo fácil. Estamos convencidos de que no hay retorno; de que somos jóvenes capaces, con sueños y metas; pero con pocas oportunidades”.

Los docentes sienten hastío al ver cómo se desprestigia su labor profesional y su autoridad pedagógica debido a que, por decretos o directivas ministeriales, se ven forzados a:

aprobar a alumnos que no han logrado los aprendizajes que se avalan en su título;

promocionar estudiantes con un sinnúmero de materias desaprobadas e incluso sin haber asistido a clases;

graduar a alumnos que no saben leer ni escribir;

recortar contenidos hasta niveles irrisorios;

eliminar o desactivar acciones disciplinarias.

Además, observan la desvalorización que se hace a su profesión cuando se los sobrecarga de tareas extra, no se actualiza su salario y se los desautoriza con resoluciones que contradicen sus decisiones como autoridad de cátedra.

Los directivos se sienten entre la espada y la pared porque deben hacer cumplir directivas no consensuadas que surgen de la praxis de funcionarios tecnócratas desconectados de las aulas, con las que no están de acuerdo, como aprobar alumnos que sus docentes han desaprobado, y que les provoca un enfrentamiento con su equipo docente e incluso con los padres; se perciben cómplices de un fraude porque se ven obligados a entregar títulos que no certifican aprendizajes reales, sino que obedecen a directivas impuestas arbitrariamente por los ministerios.

Repudian la desorganización y desprolijidad con que se comunican las decisiones ministeriales: a última hora, con incoherencias, avalando un día una resolución para anularla al siguiente.

Los padres se dan cuenta de que sus hijos no aprenden; de que el Estado no garantiza una educación inclusiva y de calidad, como promete la ley; que se enseña y exige cada vez menos; que la escuela ya no brinda oportunidades para el trabajo o la profesionalización; que no se valora el esfuerzo y el estudio, que todo da lo mismo; que se han relajado las normas; que se suman horas, pero no calidad; que se regalan notebooks a unos pocos pero no se garantizan escuelas con la infraestructura adecuada.

La sociedad presencia con alarma el corrimiento de los adultos de su rol; las conductas de hipocresía, corrupción y violencia pública; la exagerada importancia que se da a temas como el lenguaje inclusivo mientras se pasa por alto la desnutrición y la ignorancia; la desvalorización del mérito y la abundancia de los discursos de que “todo da igual”; la devaluación de la formación docente; el aliento a la mediocridad y la desidia con becas y planes.

El Ministerio de Educación de la Nación, los ministerios provinciales y el Consejo Federal de Educación no escuchan ni atienden a los reclamos y necesidades reales de todos los actores de la comunidad educativa.

Que solo se arbitran medidas que profundizan la negligencia, la crisis y el colapso de la educación argentina.

Que se concentran en la obtención de números para las estadísticas.

Que no garantizan la formación, capacitación y desenvolvimiento cualificado de los docentes.

Que no garantizan el derecho a aprenden en escuelas dignas, con educación de calidad.

La Red Nacional por la Calidad Educativa, a través de cada uno de sus representantes provinciales, resuelve:

Declarar el estado de emergencia ante la agonía de la educación argentina.

Repudiar las modificaciones de los regímenes académicos que apunten a la pauperización de la calidad (promociones directas indiscriminadas, eliminación de repitencias, flexibilización del régimen de evaluación y asistencia).

Afirmar con vehemencia, una vez más, que cantidad no es calidad y que la educación es el remedio para el mal que aqueja a la salud argentina.

Reivindicar valores como la libertad, la igualdad, la justicia, la verdad, la integridad, la tolerancia, la empatía, la solidaridad, la gratitud, la paz, la honestidad, la responsabilidad, el trabajo y el esfuerzo.

Proclamar al “mérito” como el “derecho” a ser reconocido por lo que se ha hecho por uno mismo, valorando la superación de circunstancias adversas afrontadas en dicha travesía.

Pensar con seriedad y responsabilidad en una educación que busque potenciar al máximo las posibilidades de cada uno y modele una propuesta adecuada a los desafíos del presente, sin pérdida de nuestra identidad argentina y federal.

Rechazar categóricamente toda forma de adoctrinamiento ideológico en las escuelas.

Instar a toda la comunidad a unirse en la lucha por reencauzar el rumbo de nuestra educación.

Convocar a todos los actores de la política para trazar una estrategia de corto, mediano y largo plazo que nos lleve a estar orgullosos de la calidad educativa argentina.

Firman:

Liana Pividori, Analía Luce y Gabriela Vidal Curto, coordinadoras de ReNaCE

Stefanía Flores, por Tierra del Fuego

Andrea Poiasino, por Entre Ríos

Andrea María Real, por Santa Fe

Andrés Cristaldo, por Corrientes

Graciela Capalbo, por la Ciudad de Buenos Aires

Jorge Angelini, por Buenos Aires

Hilda Arias, por Chaco

Juan Mancini, por Río Negro

Lea Ortiz, por San Juan

Olinda Castillo, por Misiones

María Luciana Jorge, por La Pampa

Silvina Piniella, por Jujuy

Margarita Laime, por Salta

Luis Romero, por Neuquén

Santa Cruz y Formosa también son firmantes, pero se abstienen de dar sus datos por temor a represalias de las que son víctimas quienes se oponen al régimen vigente.

FUENTE: infobae

OPERADOR: ANA PAULA CARRASCO

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