Sequía extrema: menos agua para riego y fuerte puja entre viñateros y productores
El bajo caudal del río obligó a recortar la distribución anual y reavivó el conflicto por el cronograma. Los distintos sectores agrícolas reclaman prioridad en momentos clave para sostener la producción.
La sequía extrema que atraviesa San Juan redefinió por completo el escenario productivo y abrió una fuerte disputa entre sectores agrícolas por el acceso al agua. Con un caudal muy por debajo de lo esperado, el Gobierno decidió recortar la distribución para riego y avanzar con un cronograma que todavía no logra consenso.
Durante marzo, las reuniones en Hidráulica expusieron el nivel de tensión: productores se movilizaron mientras las autoridades ratificaban que el volumen disponible será menor al previsto al inicio del año hídrico. La caída en el aporte del río San Juan obliga a administrar con mayor cautela un recurso cada vez más escaso.
El eje del conflicto pasa por definir cuándo y cómo se repartirá el agua. No se trata solo de cantidad, sino también de oportunidad: cada cultivo tiene momentos críticos en los que necesita riego, y priorizar a un sector implica afectar a otro.
Los viñateros fueron los primeros en hacer oír su reclamo. Sostienen que es fundamental regar a comienzos del otoño, luego de la cosecha, para asegurar reservas en la planta y mejorar el rendimiento del próximo ciclo. Desde su perspectiva, concentrar el riego en este período es clave para la actividad.
Del otro lado, chacareros, semilleros y productores de ajo advierten que ese esquema los deja en una situación crítica durante el invierno. Necesitan un suministro más continuo, aunque sea de menor volumen, para sostener cultivos que abastecen tanto al mercado interno como a la exportación.
La falta de acuerdo se da en un contexto particularmente adverso. Los pronósticos iniciales anticipaban un año algo más favorable, pero el comportamiento real del río fue incluso peor que el escenario más pesimista. En los meses de mayor aporte, el caudal quedó muy por debajo de lo esperado, generando un desbalance que obligó a utilizar más agua de la que ingresaba al sistema.
Con el fin del verano, cuando naturalmente disminuye el caudal, la situación tiende a agravarse. Por eso, las autoridades decidieron ajustar el cronograma en función del agua efectivamente disponible y no de las estimaciones iniciales, lo que profundizó el malestar en el sector productivo.
A este escenario se suma una dificultad estructural: no todos los sectores tienen el mismo peso en la toma de decisiones. La mayor presencia de viñateros en las juntas de riego influye en las definiciones, mientras que otros productores, aunque relevantes en términos económicos, tienen menor representación.
Además, algunas alternativas para mitigar la falta de agua, como el uso de perforaciones, no siempre son viables. En el caso de los semilleros, por ejemplo, existen estrictos requisitos que limitan los lugares donde pueden producir, lo que reduce aún más sus opciones.
En este contexto, el sector espera una definición urgente. Queda una reunión clave para establecer el volumen final de agua a distribuir y el cronograma de riego para los próximos meses. Sin embargo, todo indica que el recorte será inevitable y que la disputa entre los distintos actores continuará en un escenario marcado por la escasez.
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