Comercios del interior sanjuanino en alerta: persianas bajas, informalidad en alza y la minería como tabla de salvación
Los referentes mercantiles de los departamentos advierten sobre una crisis de consumo que obliga a achicar estructuras, mudarse a la venta domiciliaria o cerrar. Con costos asfixiantes y una fuerte competencia informal, toda la expectativa del sector se concentra en el repunte de la actividad minera.
El escenario fue analizado por referentes de la Cámara de Comercio de San Juan y de distintas comunas, quienes coincidieron en que la prioridad del sector mercantil dejó de ser el crecimiento para transformarse en una estricta estrategia de supervivencia.
Radiografía departamental: entre la contracción y la reinvención
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Jáchal: El referente Marcelo Aguirre estimó que alrededor del 20% de los comercios cerraron y otros debieron achicar drásticamente sus estructuras físicas (pasar de locales de 200 metros cuadrados a espacios de 50). El combo se completa con un fuerte avance de las ventas informales y online, que compiten en desigualdad de condiciones con los negocios que afrontan alquileres, servicios y cargas sociales.
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Calingasta: Omar Toro advirtió que el panorama es sumamente complejo debido a la estacionalidad laboral de la minería y los costos logísticos derivados de la distancia. Esto encarece sensiblemente los productos de primera necesidad —como la carne, cuyo kilo de asado llega a costar $24.000 frente a los $16.000 de otras zonas—, impulsando a los vecinos a abastecerse en Uspallata o en el Gran San Juan.
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Caucete: Luis César Agulles señaló un hecho inédito: la presencia de locales comerciales importantes y tradicionales desocupados en plena diagonal caucetera. Para sostenerse, varias casas de comidas cerraron sus salones para reconvertirse exclusivamente al delivery, mientras que otros comerciantes trasladaron la actividad comercial a sus domicilios particulares.
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Zonda: Pablo Rodríguez describió un fenómeno particular. En pocos años, la cantidad de puntos de venta escaló de unos 50 a más de 300 debido a la necesidad de generar ingresos extras. Sin embargo, la demanda no acompañó ese crecimiento, atomizando las ventas en un contexto donde se calcula que un alto porcentaje de los nuevos emprendimientos opera en la informalidad.
La minería, horizonte de esperanza
Frente al desgaste financiero y la falta de repunte en el corto plazo, los comerciantes depositan sus expectativas en el derrame de la actividad minera.
Tanto en Jáchal como en Calingasta, la esperanza de los referentes mercantiles no se limita únicamente a una mejora en el consumo interno, sino a la posibilidad concreta de insertarse en la cadena económica de los proyectos e inversiones, logrando así recuperar la estabilidad laboral y dinamizar la economía de toda la región.
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