Casi 6 de cada 10 hogares se endeudan y los de mayores ingresos son los que más lo hacen: qué hay detrás de la mora récord

El 58,7% de las familias urbanas utiliza algún mecanismo de financiamiento, un nivel que se mantuvo estable en la última década pese al fuerte aumento de las dificultades de pago, según un informe privado

El fuerte crecimiento de los problemas para cumplir con las deudas se convirtió en uno de los datos más sensibles de la economía de las familias argentinas. La proporción de personas con compromisos impagos se duplicó entre octubre de 2024 y junio de 2026 y abrió una discusión sobre las razones detrás del fenómeno. Sin embargo, un nuevo análisis basado en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec muestra un dato que permite mirar el problema desde otra perspectiva: la cantidad de familias que recurre a alguna forma de financiamiento prácticamente no cambió durante la última década.

El informe de Fundación Encuentro, elaborado sobre la base de la EPH-Indec, indicó que el 58,7% de los hogares urbanos recurrió a alguna forma de financiamiento durante el primer trimestre de 2026. Es decir, casi seis de cada diez personas utilizaron cuotas, fiado, préstamos de familiares o amigos, bancos, financieras o una combinación de esas alternativas para sostener sus gastos.

El dato requiere una aclaración metodológica. Si bien el informe lleva por título “Endeudamiento en los hogares”, la EPH no funciona como un registro de personas endeudadas, como sí ocurre con la Central de Deudores del Banco Central. Por ese motivo, el estudio utiliza específicamente el concepto de financiamiento: la encuesta permite identificar a quienes declaran que recurrieron a determinadas estrategias para afrontar sus gastos, pero no establece si eso derivó en una deuda, cuánto dinero involucró, si la obligación se pagó o cuál fue el destino del crédito.

Más allá de esa distinción, la comparación histórica aporta uno de los principales datos del trabajo. El 58,7% registrado en 2026 no representa un récord ni un salto reciente. Desde 2016, el porcentaje se mantuvo relativamente estable, alrededor del 59%. Incluso, el máximo de la serie se registró en el cuarto trimestre de 2019, cuando llegó al 61,6%. Los valores observados durante 2024 y 2025, cercanos también al 59%, se ubicaron dentro del rango habitual de la última década.

La situación resulta diferente cuando se observa la morosidad. Según la información citada en el informe sobre la base de la Central de Deudores del BCRA, la proporción de deudores en mora pasó del 13,6% hasta octubre de 2024 al 27,8% en junio de 2026. Si se considera el monto de dinero en situación irregular, la morosidad de las familias alcanza el 15,5% del total adeudado, frente al 5,2% de Brasil y el 3% de Chile.

Así aparecen dos fenómenos diferentes. Por un lado, la proporción de familias que utiliza algún mecanismo para financiar sus gastos permanece relativamente estable. Por otro, crecieron fuertemente las dificultades para afrontar los compromisos. El informe también señala que la deuda de los hogares argentinos representaba en 2024 apenas 4,7% del PBI, según la base Global Debt Database del Fondo Monetario Internacional, un nivel bajo en la comparación internacional.

Cuotas y fiado, las principales herramientas

La EPH permite además conocer de qué manera se financian las familias. Las preguntas utilizadas en el estudio consultan si, durante los tres meses anteriores al relevamiento, los integrantes vivieron de pedir préstamos a familiares o amigos, solicitar dinero a bancos, financieras u otras instituciones o comprar en cuotas o al fiado con tarjeta de crédito o libreta.

Una mujer detrás del mostrador escribe en un cuaderno titulado Libro de fiados y entrega una bolsa con productos a un hombre.Las compras en cuotas o al fiado son la principal modalidad de financiamiento utilizada por los hogares (Imagen Ilustrativa)

Durante el primer trimestre de 2026, el 41,3% no declaró recurrir a ninguna de esas estrategias. En el otro extremo, el 33,7% utilizó exclusivamente cuotas o fiado, mientras que el 17,5% combinó distintas modalidades. Otro 4,9% recurrió solamente a familiares o amigos y apenas un 2,7% lo hizo exclusivamente a bancos o financieras.

De esta forma, el mecanismo individual con mayor incidencia no aparece vinculado directamente con la solicitud de un préstamo bancario, sino con el financiamiento del consumo. Sin embargo, el propio trabajo advierte sobre una limitación: la EPH reúne dentro de una misma categoría las compras en cuotas o al fiado con tarjeta de crédito o libreta y no permite diferenciar los distintos tipos de tarjetas. Por eso, ese 33,7% no puede interpretarse directamente como familias que utilizan crédito bancario.

Uno de los resultados más llamativos aparece al ordenar a los hogares de acuerdo con sus ingresos. Los sectores de mayores ingresos son los que más recurren al financiamiento. El decil 9 encabeza la medición, con el 72,5%; le sigue el decil 8, con el 67%, y luego el decil 10, con el 66,1%. En conjunto, aproximadamente siete de cada diez familias ubicadas en los deciles 8, 9 y 10 utilizan alguna de las modalidades relevadas.

Entre los sectores de menores recursos, la incidencia también resulta elevada, aunque se ubica por debajo de los segmentos superiores. El 50,2% de los hogares del decil 1 recurre al financiamiento, el porcentaje sube al 60,8% en el decil 2 y se sitúa en 56,3% en el decil 3. En conjunto, seis de cada diez hogares pertenecientes a los tres deciles de menores ingresos se financian.

Los sectores intermedios presentan niveles más parejos. El porcentaje alcanza al 55,9% en el decil 4, al 59,8% en el 5, al 58,7% en el 6 y al 59,6% en el 7. Así, el financiamiento aparece extendido a lo largo de toda la escala de ingresos, aunque registra sus mayores niveles entre los sectores ubicados en la parte alta de la distribución.

El informe relaciona ese resultado con los instrumentos utilizados. La principal modalidad que releva la EPH incluye las compras en cuotas o al fiado con tarjeta de crédito o libreta. El acceso y el uso de tarjetas se asocian fuertemente con la inserción en el empleo formal y, por esa vía, con mayores ingresos. Los sectores medios y altos cuentan, en general, con más posibilidades de utilizar estos instrumentos. Por eso, una mayor utilización entre los deciles superiores no significa necesariamente una mayor necesidad económica de endeudarse, sino que también refleja diferencias de acceso y disponibilidad.

Los hogares con hijos recurren más al financiamiento

La composición familiar marca otra diferencia importante. Entre los hogares con niños convivientes, el 62,8% recurre a alguna modalidad, mientras que entre aquellos sin chicos el porcentaje baja al 52,7%. Además, el 54,4% del total de familias que utiliza estas estrategias tiene niños convivientes.

Al desagregar todavía más la composición, las parejas con hijos presentan el porcentaje más alto, con 64,4%, seguidas por los hogares monomarentales, con 61,4%. Entre las parejas sin chicos convivientes, la proporción alcanza el 56,2%, mientras que los hogares monoparentales con jefe varón registran un 55,2%. El porcentaje más bajo corresponde a quienes no tienen pareja ni niños convivientes, con 50,8%.

El estudio vincula esta diferencia con las necesidades asociadas a la crianza. Alimentación, vestimenta, educación, salud y otros gastos relacionados con los hijos forman parte de las erogaciones que pueden aumentar la frecuencia con la que las familias recurren a distintas alternativas para sostener sus consumos cotidianos.

La inserción laboral también introduce diferencias significativas. Entre los ocupados, el acceso al financiamiento alcanza el 63,6%, frente al 48,8% de los inactivos y apenas el 5,3% de los desocupados. Según el trabajo, estos últimos recurren a estas estrategias al menos 12 veces menos que los ocupados y casi diez veces menos que los inactivos, quienes en general cuentan con ingresos provenientes de jubilaciones.

La brecha también resulta marcada cuando se observa la formalidad del empleo. El 71,1% de los hogares cuyo jefe o jefa es asalariado formal recurre a alguna modalidad de financiamiento, mientras que entre aquellos encabezados por asalariados informales la proporción cae al 55,8%. La distancia alcanza los 15,3 puntos porcentuales.

En qué regiones se recurre más al financiamiento

La radiografía cambia también según el lugar del país. El Noroeste registra la mayor proporción, con 68,2% de los hogares, seguido por la Patagonia, con 64,9%, y Cuyo, con 62,2%. La región Pampeana alcanza el 60,8%, mientras que el Gran Buenos Aires se ubica en 56,1%.

En el otro extremo aparece el Noreste, donde el 50,5% de las familias utiliza alguno de los mecanismos considerados. Entre el NOA y el NEA, las dos puntas de la medición, existe una diferencia de casi 18 puntos porcentuales. El estudio advierte que esa heterogeneidad territorial no puede explicarse exclusivamente por el nivel de ingresos.

Entre las hipótesis que plantea para interpretar las diferencias regionales aparecen la estructura del mercado laboral, el acceso efectivo a instrumentos financieros y la composición de los hogares. También menciona los niveles y la composición de los ingresos, el grado de inclusión financiera, las características de los mercados comerciales locales y la extensión de las compras en cuotas y al fiado.

En el caso del NEA, el trabajo menciona la importante presencia del empleo estatal y señala que una mayor estabilidad en los ingresos de una parte de las familias no necesariamente implica una mayor utilización de las modalidades de financiamiento que capta la EPH. También intervienen qué instrumentos están disponibles, cuáles se utilizan efectivamente y cuáles son las pautas predominantes de consumo. El informe aclara que esas hipótesis requieren cruces adicionales de la encuesta para profundizar el análisis de las diferencias regionales.

Fuente: INFOBAE

Por: G. Herrera

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