Debate sobre los cuerpos, con la gordofobia en la mira

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De la gordofobia a la aplicación efectiva de la ley de talles, de la patologización en el sistema de salud al insulto callejero, del lenguaje a la publicidad y los medios. El Segundo Encuentro Plurinacional del Activismo Gordo debatirá este fin de semana y las “activistas gordes” Laura Contrera y Manuela Schuppisser hablaron sobre la visibilización de la lucha por el respeto a la diversidad corporal.

“El año pasado empezamos a conocernos y a ver de qué manera potenciábamos el activismo gorde desde una perspectiva integral y colectiva. Las personas gordas somos sujeto de derechos a los que muchas veces, por nuestra corporalidad, no podemos acceder”, asegura Manuela Schuppisser, una de las organizadoras del Segundo Encuentro Plurinacional del Activismo Gordo, que se celebrará el próximo domingo en Rosario.

El encuentro, que se desarrollará desde las 9 en el Centro de la Juventud (avenida Belgrano 950 bis), se propone debatir acerca de la diversidad corporal y las diferentes formas que asume la gordofobia. Recibirá participantes de distintos puntos del país, aunque con una presencia mayoritaria de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba y de la Ciudad de Buenos Aires.

“La jornada va a estar dividida en dos instancias, la primera para reflexionar y compartir experiencias. Después trabajaremos en temas específicos, como el acceso a la salud, la vigencia efectiva de la ley de talles, el rol de los medios de comunicación y lo que debemos exigir de las políticas públicas”, adelanta Schuppisser, integrante del Colectivo de Gordes Activistas de Argentina, convoncate al encuentro junto a Gordes del Oeste, Existencia Gorda y Activistas Gordes Independientes de Rosario y Santa Fe.

“¿Queremos vivir en una sociedad racista, intolerante en materia religiosa o de género o de diversidad corporal? Yo creo que no. Queremos una sociedad donde la diversidad se celebre, donde podamos vivir en igualdad de condiciones. Esa va a ser una sociedad mejor. Y no solo para las personas gordas, sino para todas las personas”, señala la abogada y especialista en Estudios de Género Laura Contrera en diálogo.

En un anticipo de lo que será la perspectiva del plenario, Contrera propone pensar la diversidad respecto a las corporalidades. “Si la diversidad de género ya no nos asusta, si podemos entender que se puede amar, desear y relacionarse de distintas maneras, tenemos que poder ver la diversidad de los cuerpos de la misma manera, como un prisma que encarnamos las personas y donde todos son igual de válidos”.

Activo, plurinacional, diverso

El encuentro tiene como antecedente el plenario realizado el 27 de noviembre del año pasado en Morón, provincia de Buenos Aires, en el que unas doscientas personas gordas, y quienes sin serlo acompañan su perspectiva, debatieron sobre las corporalidades bajo las coordenadas del activismo, de lo Plurinacional y de la diverso.

“El Encuentro se define como Plurinacional porque apuesta a la construcción de un pensamiento latinoamericano y de una identidad política a partir de nuestra gordura que tome como punto de partida las distintas experiencias que se dan en la región, como el activismo gordo en Brasil o ‘La mondonga’ en Uruguay”, explica Schuppisser.

El colectivo también se define por el activismo. “Más allá de las experiencias personales estamos atravesadas por las mismas exclusiones, discriminaciones y complejos. La única forma de vencer todo eso es articulando políticamente, generando cambios desde la cultura y la sociedad. No alcanza con decir yo me amo y me cuido, porque hay un sistema que nos oprime, patriarcal, heteronormado y capitalista, que nos dice como tenemos que ser y hacer”, agrega.

“Queremos una sociedad donde la diversidad se celebre, donde podamos vivir en igualdad de condiciones”Laura Contrera

Schuppisser se define como “activista gorde”, con uso premeditado del inclusivo para visibilizar “las distintas identidades, para que desde las diversidades todo pueda ser más abarcativo”. “Apostamos –agrega- a las diversidades sexuales y también a los varones, ya que suelen ser ajenos a estos ámbitos que vienen nutridos desde el feminismo. Necesitamos de las experiencias de las masculinidades en pos de una representación más amplia”.

Del encuentro van a participar también profesionales de la salud, trabajadores de la educación y todos aquellos que “deseen acompañar a las corporalidades gordas, porque queremos congregar a quienes se vean atravesados por la temática y puedan aportar a construir una realidad diferente”.

Lo que hay que discutir

“Apostamos a tomar las experiencias que nos resultaron tan difíciles como fuerza para transformar la realidad. Hay muchas personas que siguen sin poder acceder al transporte público o al mercado laboral por su corporalidad. Creemos que el encuentro es un camino para empezar a revertir todo esto”, asegura Schuppisser al describir los desafíos del colectivo.

Además de los cambios en las políticas públicas y en el mercado, aparece la necesidad de promover una mayor amorosidad en la vida cotidiana. “Hay parámetros que ‘tenemos’ que cumplir: ser blanca, delgada, universitaria, madre. Es necesario empezar a cuestionarnos todo esto. Y reflexionar en conjunto”, agrega.

“Se identifica a las personas gordas como enfermas, se las estigmatiza por eso, se las discrimina y violenta”Laura Contrera

Y da como ejemplo “lo vimos con (Alberto) Cormillot, que lucra con nuestra salud y nuestro aspecto físico, y ya no puede decir cualquier cosa por televisión porque hay cada vez más gente que empieza a cuestionar lo que le dijeron que tenía que ser”.

La relación entre la gordofobia y los medios de comunicación también formará parte del debate. “Los medios muchas veces reafirman los estereotipos que discriminan por raza, clase o corporalidad, y a su vez sacan provecho de ellos. Tienen una gran responsabilidad en reproducir, fomentar e instalar estereotipos discriminatorios, violentos y que no dan cuenta de la diversidad humana”, reflexiona Contrera.

Otro tema que estará presente en Rosario será la implementación efectiva de la Ley de Talles, sancionada en junio del año pasado pero sin aplicación efectiva hasta que no tenga plena vigencia el Sistema Único Normalizado de Identificación de Talles de Indumentaria que rige para quienes confeccionan y comercializan vestimenta.

GORDA, GORDO, GORDE

“Nos nombramos como gordes porque lo que no se nombra no existe. O existe sólo en los términos impuestos: gorde como un insulto, como una descalificación, como una enfermedad o estado corporal que nadie quiere ver ni tener cerca. Además, negar nuestra existencia solo genera confusión. No somos rellenitas, grandotas o de ‘huesos grandes’, somos gordes, existimos y necesitamos ser visibles en nuestros propios términos”, puede leerse en la “Guía Gorda”, elaborada por el Colectivo de Gordes Activistas de Argentina.

El lenguaje se transforma así en un campo de batalla contra la discriminación corporal. En el caso del activismo gorde, la “reapropiación de la injuria” sigue el camino que marcaron otros colectivos discriminados: negro, villero, queer, marica, torta, puto. “Ese insulto que te quiere marcar, y hacer sentir mal, es reapropiado para quitarle poder al afuera. La herida se vuelve así menos cortante”, dice la investigadora Laura Contrera.

Y agrega: “Ya sé que soy gorda. Es más, me organizo a partir de esa idea, la politizo y reclamo mis derechos con esa palabra que se usaba solo como insulto”.

La especialista señala también que “es importantísimo erradicar del lenguaje términos que son patologizantes o estigmatizantes, como obesidad o sobrepeso, que rechazamos por injuriantes. Porque es importante apropiarse del insulto para salir del lugar de víctima pero esto no es suficiente. La sociedad tiene que cambiar. No alcanza con que yo diga no me va afectar. La discriminación no se supera solo con actitud, sino con políticas públicas y con cambios culturales”.

Desde esta perspectiva, de lo que se trata es de disputar el sentido para hacer que prevalezca lo diverso sobre lo hegemónico. “Si hay alguien al lado mío que me defiende y ayuda significa que la sociedad se hace cargo de que la discriminación no se deja pasar. Si quienes no son gordos contribuyen a terminar con la gordofobia la tarea es más sencilla”.

 

Gordofobia y vida cotidiana

Identificar la gordofobia, reconocer sus manifestaciones y combatir los mecanismos que llevan a su naturalización, es quizás la tarea más destacada que vienen desarrollando los distintos agrupamientos gordos y quienes reflexionan sobre el tema.

“Cuando decimos gordofobia estamos dando cuenta de una estructura social histórica, contextualizada, vinculada a la discriminación hacia las personas gordas, que en muchos casos lleva a la violencia, y a su patologización. En vez de que la gordura sea parte de la diversidad corporal, de reconocer que hay personas más altas y otras más bajas, unas más flacas y otras más gordas, se piensa que toda gordura responde a un estado patológico”, asegura Contrera.

“Se identifica a las personas gordas como enfermas, se las estigmatiza por eso, se las discrimina y violenta. La sociedad considera, en general, que los cuerpos gordos son menos valiosos. Esto después tiene una intersección con otras categorías. No es lo mismo ser una persona gorda, migrante, pobre y trans, que no serlo”, detalla la experta, quien junto a Nicolás Cuello es compiladora de “Cuerpos Sin Patrones: resistencias desde las geografías desmesuradas de la carne” (Madreselva, 2016).

Para Contrera, “la gordofobia aparece en todos los ámbitos de la vida, en las relaciones interpersonales, desde una relación amistosa hasta otra afectiva o laboral, incluso con desconocidos, porque las personas gordas también sufrimos violencia de gente que te cruzás en la calle; también en cómo te transportás, si hay lugar o no para vos en un colectivo o un avión; y en cómo te vestís o accedés a un empleo”.

La gordofobia también se da en el ámbito de la salud. “Aunque resulte paradójico es donde más se puede padecer, aún con el escudo de la preocupación por la salud. Desde no entrar en un tomógrafo, y por eso no recibir una atención médica adecuada, hasta el diagnóstico, en general vinculado al peso”, detalla la investigadora.

“Hay muchas personas que siguen sin poder acceder al transporte público o al mercado laboral por su corporalidad”.Manuela Schuppisser

Contrera recuerda que la Organización Mundial de la Salud reconoce que existe “el estigma del peso” en la atención sanitaria y que esto “es malo para la salud integral de las personas gordas”.

“La gordura –insiste- no es una enfermedad. A veces se la define como factor de riesgo o como una situación que puede comprometer a la salud, pero las personas gordas, igual que las flacas, pueden estar enfermas o no. El tamaño corporal en sí mismo no es una enfermedad. Nadie está enfermo de gordura. Las personas flacas también pueden tener diabetes o problemas en las rodillas”.

Un punto de inflexión

El calor libera la vestimenta, exige libertades. La llegada del verano puede resultar una posibilidad para reflexionar sobre las corporalidades. Contrera recuerda que es en esta época del año “cuando el cuerpo está más expuesto, más a la vista” y advierte que “los meses de calor son tradicionalmente los de más hostigamiento y sufrimiento para las personas gordas”.

“A veces quienes no son gordos no dimensionan lo que es levantarse a la mañana, salir hacia el trabajo o a estudiar, y que te digan gorda despectivamente una docena de veces por día. Entonces, un momento del año que favorece la sociabilidad y el esparcimiento, para las personas gordas se puede convertir en reclusión para evitar el hostigamiento y la agresión”, destaca.

También en este aspecto el encuentro de Rosario marcará un punto de inflexión. “Vamos a construir más diversidad a partir de hermanarnos con otras realidades. Escuchando la realidad de otres, compartiendo experiencias y empezando a construir una buena calidad de vida, por ejemplo, promoviendo un sistema de salud sin el sesgo del pesocentrismo”, subraya Schuppisser.

Se puede ser sano o estar enfermo. Se puede ser “lindo” o “feo”. En cualquier caso, siendo flaco o gordo. “Nadie encarna un cuerpo ideal, nadie lo tiene. Pero hay cuerpos que se asemejan más a ese ideal que otros. Las personas blancas tienen ventaja a la hora de ser empleadas, lo que no quiere decir que no sufran otras opresiones. Ser gordo, ser pobre, ser trans. Hay interseccionalidades que hacen que la opresión no sea siempre igual”, detalla Contrera.

El verano será especialmente tórrido. Y entonces los cuerpos gordos afrontarán un nuevo desafío: el de la libertad, el de ser respetados, el de ser un cuerpo, entre otros cuerpos.

NUEVE TIPS PARA HABLAR DE LOS CUERPOS GORDOS

La especialista en Estudios de Género Laura Contrera (@laucontrerita) elaboró nueve tips para “abordar la vergüenza corporal en la infancia”. “La vergüenza corporal se aprende a medida que les niñes crecen y les adultes somos responsables de esa pedagogía dañina”, señala. Aquí sus recomendaciones y señalamientos.

1. No ser cómplice del avergozamiento corporal.

2. No minimizar la vergüenza corporal. Evitar frases como “supéralo”, “todo depende de tu actitud” o “eso sólo existe en tu cabeza”.

3. Eliminar todo vocabulario que menosprecie los cuerpos según su tamaño o forma, raza, edad, género, capacidad, orientación sexual, religión y estado de salud mental o física.

4. Interpelar los discursos que utilicen la vergüenza corporal para describir a otros, incluyendo “te lo digo por tu bien/por tu salud”.

5. Cuestionar la creencia de que perder peso es siempre positivo.

6. El ejercicio físico o el deporte no deben ser un castigo, obligación o medio para un fin (adelgazar) sino una forma de contribuir a sentirnos bien con nuestro cuerpo.

7. No censurar el reconocimiento de las diferencias invisibilizando aquello que llama la atención de los niños. Afrontar la diferencia y nuestros propios sesgos y creencias respecto de los cuerpos gordos.

8. Reconocer que a veces, incluso con buenas intenciones, se puede causar sufrimiento y daño a otros con lo que decimos.

9. Aceptar la incomodidad al hablar con los niños. Las conversaciones sobre opresiones son difíciles, pero valen la pena.

Fuente: TÈLAM

Por;: Graciela Herrera

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