Del recreo a las redes: crece la tendencia “therian” entre chicos del Gran San Juan

Docentes detectan conductas imitativas de animales en escuelas. Especialistas señalan que responde a procesos de identidad, aunque piden atención en ciertos casos.

En los últimos meses, una tendencia surgida en redes sociales comenzó a replicarse en escuelas del Gran San Juan. Docentes advirtieron que niños, desde salas de 5 hasta tercer grado, adoptan conductas como maullar, ladrar o desplazarse imitando a perros y gatos durante los recreos.

El fenómeno está vinculado al concepto “therian”, una noción difundida en entornos digitales que describe a personas que se identifican con animales en un plano simbólico o psicológico. A partir de contenidos virales y comunidades online, estas prácticas comenzaron a trasladarse a la vida cotidiana, generando interrogantes en el ámbito educativo.

La licenciada en Psicopedagogía Guadalupe Domínguez explicó que estas conductas deben entenderse dentro del proceso de construcción de la identidad. “Se trata de una forma de identificación. No es algo físico, sino interno y simbólico, donde la persona encuentra características con las que se siente representada”, indicó.

Según la especialista, este tipo de manifestaciones suele aparecer en etapas donde los niños buscan definir su personalidad y pertenencia a un grupo. “Hay una necesidad de identificarse y muchas veces influye lo grupal: si otros lo hacen, el niño también quiere hacerlo”, explicó.

En ese marco, remarcó que, en principio, no se trata de un trastorno. Sin embargo, subrayó la importancia de observar el contexto y la intensidad de estas conductas. “Cuando empiezan a interferir en la vida cotidiana o en el desarrollo normal, es necesario prestar atención y analizar qué puede estar ocurriendo”, advirtió.

En el ámbito escolar, algunos indicadores pueden encender alertas. Entre ellos, mencionó dificultades en el rendimiento, alteraciones en la dinámica del aula o la aparición de conductas disruptivas o violentas.

Mientras la tendencia continúa expandiéndose entre los más chicos, los especialistas coinciden en evitar la estigmatización y promover un acompañamiento adecuado. La clave, señalan, está en distinguir entre un juego pasajero propio de la edad y una posible dificultad en el desarrollo emocional o social.

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