Descubren un “planeta fénix” que habría nacido de los restos de su propia estrella

Un equipo internacional identificó alrededor de una enana blanca un candidato a planeta de segunda generación. Tiene un tamaño similar al de Júpiter, completa su órbita en apenas 4,4 días y su atmósfera se está evaporando por la intensa radiación que recibe.

La astronomía acaba de encontrar un sistema que parece desafiar la idea tradicional sobre cómo nacen los planetas. Alrededor de la enana blanca HS 0209+0832, un equipo internacional de científicos detectó un candidato a planeta que podría haberse formado a partir del material expulsado por la propia estrella durante su muerte.

El objeto, de dimensiones comparables con Júpiter, fue identificado a partir de observaciones del satélite TESS de la NASA, que registró una señal periódica de 4,399 días. Esa variación es compatible con un planeta que orbita muy cerca de la enana blanca y cuya cara iluminada presenta condiciones muy diferentes de su lado nocturno.

El hallazgo, publicado en Nature Astronomy, es considerado un posible ejemplo de un planeta de segunda generación. La denominación informal de “planeta fénix” surgió por la semejanza con la idea de renacer de las cenizas: el mundo habría aparecido después de que su estrella original agotara su combustible y expulsara sus capas externas.

Una composición química fuera de lo común

La principal pista apareció al estudiar la atmósfera de la enana blanca. Estos objetos son los restos extremadamente densos que quedan cuando estrellas similares al Sol atraviesan las últimas etapas de su evolución.

Cuando una enana blanca incorpora material procedente de cuerpos cercanos, los elementos presentes pueden quedar registrados en su atmósfera. En este caso, los investigadores encontraron una combinación poco habitual: grandes cantidades de zinc, cobre y, especialmente, niobio.

La concentración de niobio sería más de 1.000 veces superior a la registrada en el Sol, mientras que el silicio apareció en cantidades muy pequeñas y no se detectó una presencia significativa de hierro.

Para los científicos, esa composición constituye una señal importante. El niobio está relacionado con el denominado proceso s, una serie de reacciones nucleares que puede producirse en estrellas durante determinadas fases de su evolución como gigantes rojas.

La química encontrada sugiere que el material incorporado por la enana blanca podría proceder de las capas que la estrella expulsó antes de transformarse en el objeto compacto que se observa actualmente.

Un mundo sometido a una evaporación constante

La cercanía entre el planeta candidato y la enana blanca hace que el sistema sea todavía más extremo.

El objeto recibe una intensa radiación de su estrella, suficiente para provocar que parte de su atmósfera se evapore de manera continua. Ese material podría terminar cayendo sobre la superficie de la enana blanca.

Precisamente ese proceso habría permitido detectar la particular composición química del sistema. Los elementos liberados desde el planeta aportarían parte de la materia que posteriormente queda registrada en la atmósfera de la estrella.

De confirmarse este escenario, el sistema representaría un singular ciclo cósmico: la estrella produjo determinados elementos durante su evolución, los expulsó al espacio al morir, esos materiales pudieron participar en la formación de un nuevo mundo y ahora parte de ese planeta estaría regresando hacia la estrella.

Los investigadores plantean además que una estrella compañera podría haber desempeñado un papel importante. Su presencia habría ayudado a mantener parte del material expulsado gravitacionalmente ligado al sistema, favoreciendo la formación de un disco a partir del cual pudo surgir el planeta.

Una pista sobre el futuro del Sistema Solar

El descubrimiento también plantea interrogantes sobre lo que podría ocurrir con otros sistemas planetarios cuando sus estrellas lleguen al final de sus vidas.

Dentro de miles de millones de años, el Sol agotará su combustible, se transformará en una gigante roja y finalmente quedará como una enana blanca. Hasta ahora, los estudios sobre ese futuro se concentraban principalmente en determinar qué cuerpos del Sistema Solar podrían sobrevivir a esas etapas.

El posible planeta de HS 0209+0832 introduce una alternativa: la muerte de una estrella no necesariamente marcaría el final de todo su material planetario, sino que parte de los restos podría volver a reunirse y dar origen a nuevos mundos.

Por el momento, los investigadores lo consideran un candidato a planeta de segunda generación y señalan que serán necesarias nuevas observaciones para confirmar su naturaleza y conocer con mayor precisión sus características.

Si la interpretación se confirma, el hallazgo aportaría la evidencia más llamativa hasta ahora de que los sistemas planetarios podrían tener una segunda oportunidad después de la muerte de su estrella.

 

Op. F. Casas

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