El búnker del Papa en Buenos Aires: la Nunciatura donde León XIV tendrá sus reuniones fuera de agenda

Durante cuatro noches de noviembre, el Palacio Fernández Anchorena de avenida Alvear será la residencia del Pontífice y el escenario de sus encuentros más reservados

El Palacio Fernández Anchorena tiene entrada por avenida Alvear 1637, en Recoleta, a metros de la esquina con Montevideo. Es uno de los edificios más imponentes de una avenida: fachada francesa, techos altos, jardín interior y salones concebidos para recibir a la elite porteña de comienzos del siglo XX. Desde 1952 funciona allí la Nunciatura Apostólica, residencia oficial del representante del Papa en la Argentina. En noviembre, durante cuatro noches, será además la casa de León XIV.

En África, por ejemplo, recibió en privado en la Nunciatura de Yaundé a representantes religiosos y celebró en Luanda una misa privada antes de continuar con la agenda oficial. En otras escalas, las residencias pontificias sirvieron también para conversaciones con autoridades civiles, miembros de comunidades religiosas y referentes que no necesariamente participaron de las ceremonias abiertas. La lógica se repite: lo que admite cámaras puede ocurrir afuera; lo que exige reserva encuentra en la Nunciatura un escenario propio.

En Buenos Aires, esa lógica tendrá además una particularidad: el hombre que abrirá la puerta de la casa fue elegido hace apenas unos meses por el propio León XIV. Monseñor Michael Wallace Banach fue designado nuncio apostólico en la Argentina el 14 de mayo de este año. Hasta entonces era representante pontificio en Hungría y llevaba décadas en el servicio diplomático de la Santa Sede. Su nombramiento llegó cuando la preparación de la visita papal ya formaba parte del horizonte de las relaciones entre Roma y Buenos Aires.

Quiénes buscan entrar

El Papa León XIV visitará Argentina durante el mes de noviembre

El programa oficial del domingo 8 de noviembre concentrará buena parte de las imágenes institucionales de la visita: las autoridades nacionales, el encuentro con el presidente Javier Milei, las ceremonias previstas en el centro porteño y el discurso de León XIV ante referentes de la sociedad civil. Todo eso tendrá horarios, protocolo, listas de invitados y cámaras. La Nunciatura ofrece exactamente lo contrario.

En el mundo sindical y de los movimientos sociales hay interlocutores históricos de la Iglesia argentina que buscarán mantener abiertos sus canales con Roma. También existen sectores políticos que tienen relación con la Santa Sede y empresarios con los que el Vaticano mantiene diálogos sobre asuntos sociales, económicos e institucionales. Los donantes de la visita serán uno de los grupos que con seguridad se reunirán con el Papa en la Nunciatura.

La casa del Papa

La historia del edificio añade otra capa al escenario. El palacio fue encargado al arquitecto francés Édouard Le Monnier por Juan Antonio Fernández y Rosa de Anchorena, que residían en París y nunca llegaron a habitarlo. Décadas después pasó a manos de Adelia Harilaos de Olmos, marquesa pontificia y una de las grandes benefactoras católicas argentinas de su tiempo, quien terminó legándolo a la Santa Sede para que se convirtiera en sede de la representación pontificia.

Otros proyectos quedarán para después. Banach incluso imagina para una etapa posterior una nueva parrilla que permita convertir parte de la casa en un espacio más habitual de recepción para visitantes argentinos, en una adaptación bastante local de una de las residencias diplomáticas más particulares de Buenos Aires.

La Nunciatura tiene además una condición jurídica que refuerza su carácter reservado. Como sede diplomática, sus instalaciones están protegidas por el principio de inviolabilidad previsto en la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas. Las autoridades del Estado receptor no pueden ingresar en los locales de una misión sin consentimiento y sus archivos, documentos y comunicaciones diplomáticas cuentan también con protecciones específicas. Hace dos semanas se reforzó la seguridad informática y de comunicaciones.

Pero durante una visita papal su verdadera ventaja es más sencilla: detrás de esa puerta puede celebrarse una conversación sin atril, sin transmisión y sin obligación de incorporarla al programa público. El domingo, las cámaras seguirán a León XIV hasta la Casa Rosada y el Palacio Libertad. En los días siguientes estarán en cada misa, cada ceremonia y cada traslado. Por la noche, el Papa volverá a Alvear 1637. Durante cuatro noches dormirá allí. Y en Buenos Aires ya empieza a circular otra pregunta: quiénes serán los que entren cuando las cámaras se hayan ido.

OP: Sebastián Almada

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