El debate por la denuncia de Valentín Yankelevich

Luego de un derrotero psicológico y judicial, el joven narró una infancia cargada de golpes y deseos de escape, un drama que nadie vio de inmediato.

Valentín Yankelevich contó su drama por TV. Capturas de Video

“Solo pensaba en que me quería ir con mi mamá”. El nieto de Cris Morena y de Gustavo Yankelevich, megaproductores de televisión y de teatro, quería morirse e incluso había pensado cómo quitarse la vida. Tenía apenas 10 años. Darío Giordano, su padre, lo golpeaba brutalmente, lo encerraba en la habitación, lo hacía pasar hambre, le dejaba comida fría en el piso como a un animal y ejercía violencia psicológica, mientras Valentín atravesaba el duelo por su madre, que había muerto unos años atrás. Con Franco, su hermano mayor, ocurría lo mismo. Azul, la hermana menor, que tenía seis años, no fue víctima de violencia directa por parte del viudo de Romina Yan, según contó Valentín que hoy es piloto de TC 2000.

Franco y Valentín, dos niños absolutamente indefensos y dañados, les contaron a sus abuelos paternos lo que estaban padeciendo intramuros, pero no fueron escuchados. El colegio, una reconocida institución de zona norte, no advirtió nada raro, a pesar de los golpes y los síntomas que cualquier niño presenta en una situación en la que corre peligro su vida.

Fue Cris Morena, la abuela materna, la primera en advertir que algo raro estaba ocurriendo, y se lo comunicó a su exmarido, Gustavo Yankelevich. A partir de ese momento, el productor —con el apoyo de toda la familia— comenzó una cruzada con la que logró que la Justicia le diera la tenencia de sus nietos.

El camino no fue sencillo. Los chicos tuvieron que pasar por varias declaraciones en Cámara Gesell. El solo hecho de cruzarse con su padre en un mismo espacio les provocaba tantos nervios que no podían controlar sus esfínteres. A Yankelevich le otorgaron una tenencia provisoria por tres meses y la definitiva llegó tres años y medio después. Desistieron de hacer la denuncia penal para preservar la integridad de los chicos, que eran menores de edad.

Una novela de terror

En Argentina, casi 6 de cada 10 chicos de entre 1 y 14 años sufrieron violencia en la crianza, según datos de Unicef. Valentín y Franco, dos niños de una clase privilegiada y de una de las familias más poderosas de la televisión argentina, estaban entre ellos.

Los nietos de Yankelevich —que se cambiaron el apellido Giordano por el de su abuelo—, al igual que miles de niños en Argentina, no fueron tratados con una perspectiva que los protegiera durante el proceso de investigación sobre la violencia que podía terminar con sus vidas.

Laura Da Re, psicóloga especialista en violencia de género y en maltrato infantil, explica a Página/12 que los niños hablan o interactúan con los adultos de diferentes maneras y que es importante mantener una escucha abierta y brindarles seguridad al momento de relatar lo que les sucede.

“No siempre lo hacen con los familiares más cercanos, porque en la mayoría son sus victimarios, suelen hacerlo con quien encuentran un apego, maestra/os, amigos escolares, vecinos. La observación en el desarrollo de los niños, también puede dejar evidenciadas conductas extrañas en los niños, como cuando uno se acerca para darle un beso y el niño se protege”.

Da Re remarca que también hay que estar atentos a los cambios en los ciclos evolutivos, como volver a orinarse en la cama o presentar problemas de conducta alimentaria: comer en demasía o dejar de comer. “El silencio o el aislamiento pueden ser otros de los síntomas”. Esto fue justamente lo que detectó Yankelevich cuando, de un día para el otro, Franco, su nieto mayor, que por aquel entonces era un preadolescente, dejó de hablarle. Tras la insistencia del productor, el chico le dijo: “Es que la última vez que le conté a papá que había hablado con vos, me cagó a palos hasta desmayarme”.

La especialista advierte que, cuando en una familia como la de los nietos de Yankelevich hay situaciones tan severas de maltrato infantil, lo más probable es que la mujer también haya sido víctima de violencia de género. “Habría que volver a evaluar cómo le dejaron la tenencia de la hija menor”, reflexiona.

Es absolutamente indispensable consultar con profesionales que estén preparados en la temática. Los niños violentados suelen presentar problemas de aprendizaje, muchas veces son derivados a psicopedagogos, pero, si los profesionales no están preparados para una escucha activa, poco se va a resolver. En la Ciudad de Buenos Aires existe el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (NNyA), que, a través de las defensorías zonales, cuenta con equipos preparados para la escucha.

“El adulto debe escuchar, no preguntar más de lo que el niño quiere contar en ese momento. De lo contrario puede sentirse indagado. Con un diálogo asertivo es posible que el niño tenga la confianza en esa persona, para seguir refiriendo lo que le sucede. En cuanto al maltrato infantil es más visible”. Da Re advierte que, de todas maneras, los victimarios se encargan de que las lesiones no queden en partes visibles del cuerpo.

“La ley antes nombrada, dice que cualquier adulto que escuche un relato de un niño de una situación de maltrato infantil o de abuso sexual infantil, deberá informarlo al Consejo de NNy A, o al espacio de Protección Integral de los Derechos de NNy A, de su municipio. El repreguntar, por la ansiedad que le genera al adulto la escucha del niño, puede modificar el relato, y no es lo apropiado”.

Luego de las contundentes declaraciones de Valentín Yankelevich, su padre, Darío Giordano, a quien la víctima menciona por su nombre de pila “porque no ejerció su rol de padre”, envió un comunicado a los medios de comunicación en el que negó rotundamente los hechos y se victimizó: “En el momento de mayor vulnerabilidad de mi vida, cuando intentaba reconstruir una familia atravesada por una ausencia irreparable, también me encontré teniendo que defender mi lugar como padre y no siempre fue en igualdad de condiciones. Hay personas poderosas que tienen la posibilidad de instalar su versión de una historia. Otras, como yo, apenas tenemos nuestra palabra. Pero la exposición pública, los contactos y el poder no convierten una versión en verdad, ni le otorgan a nadie más derecho que a un padre a ser escuchado. Tuve que aprender a vivir con la ausencia de Romina y, al mismo tiempo, acompañar a tres chicos que también habían perdido a su mamá. No fue fácil. Seguramente cometí errores. Nunca pretendí ser un padre perfecto”.

Ni perfecto ni mucho menos humano. Las pruebas demostraron que Darío Giordano, lejos de intentar reparar el terrible daño ocasionado, continúa comportándose con sus hijos Franco y Valentín como el peor de los monstruos.

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