Escándalo en Francia: un exfuncionario fue acusado de drogar a más de 100 mujeres en entrevistas de trabajo
La investigación apunta a Christian Nègre, un exdirectivo del Ministerio de Cultura que habría usado diuréticos para provocar situaciones de humillación y vulnerabilidad en sus víctimas.
Hace una década, Marie-Hélène Brice, una mujer desempleada y madre de dos niños pequeños, consiguió una entrevista de trabajo con Christian Nègre, quien era entonces un alto funcionario en el este de Francia.
Nègre sugirió mantener la conversación al aire libre, dijo Brice. Mientras hablaban y caminaban por la orilla de un río cercano, Brice sintió unas ganas de orinar “tan repentinas, tan punzantes, tan terribles” que no pudo contenerlas, dijo. El dolor, recordó, parecía de parto.
“Incluso después de empaparme literalmente el vestido, seguía sintiendo dolor en la vejiga y necesitaba orinar”, dijo Brice, que ahora tiene 39 años. Volvió a orinar y se refugió contra un muro bajo, desconcertada por lo que había ocurrido.
Dos años después, la policía le dijo que estaba investigando acusaciones de que Nègre, director de recursos humanos, había introducido diuréticos en bebidas que ofreció a más de 100 mujeres con las que se había reunido para entrevistas de trabajo entre 2009 y 2018. Estos productos químicos suelen recetarse para la hipertensión arterial y, como efecto secundario, aumentan la producción de orina.
Las causas judiciales resultantes, que aún no llegan a juicio, han atraído una atención renovada en un país que sigue conmocionado por la devastadora historia de Gisèle Pelicot, que ahora tiene 73 años y que fue drogada y violada por quien era su esposo, Dominique Pelicot, y por decenas de hombres a los que invitó a abusar de ella con él.
La lentitud del proceso judicial ha suscitado la preocupación de los activistas de que Francia alberga una indiferencia social a la hora de abordar los malos tratos a las mujeres. También ha reavivado la preocupación, ya antigua, de que el sistema judicial francés esté mal equipado para hacer frente a este tipo de abusos, sobre todo a gran escala.
Además de una investigación penal más amplia en la que están implicadas cientos de mujeres, al menos 10 de ellas han demandado al Estado francés por no haber detectado durante mucho tiempo el abuso de poder sistemático de un alto funcionario. En algunos de esos casos, los tribunales aún no han llegado a un veredicto; en otros, absolvieron al Estado de responsabilidad al tiempo que dictaminaron que las mujeres tenían derecho a una indemnización.
“Hay problemas en todos los niveles” en el caso de Nègre, dijo Sandrine Josso, legisladora francesa que convirtió la lucha contra la “sumisión química” –el acto de drogar a alguien en contra de su voluntad– en una causa nacional después de ser drogada por otro miembro del Parlamento.
“Seguimos profundamente enquistados en una cultura de violación”, dijo Josso.
Nègre admitió en una entrevista concedida en 2019 a un periódico nacional francés que había drogado a “10 o 20” mujeres en París, pero no especificó a qué mujeres se refería y desde entonces no ha hablado públicamente. A través de su abogada, Vanessa Stein, Nègre se negó a hacer comentarios para este artículo porque, dijo Stein, la investigación policial está en curso.
Nègre, funcionario de carrera, se incorporó al Ministerio de Cultura francés en 2010. Trabajó primero como director de recursos humanos en su sede en París, antes de asumir otro alto cargo en 2016 en la delegación del ministerio en el este de Francia.
Nègre fue denunciado por primera vez a las autoridades tras ser acusado de tomar fotos de las piernas de una mujer bajo una mesa durante una reunión en 2018. Tenía tanta fama de tomar ese tipo de fotos que sus colegas lo apodaban “el fotógrafo”, según testimonios de sus compañeros compartidos ante el tribunal durante un juicio contra el Estado francés.
Según los fiscales, la policía investigó entonces los aparatos electrónicos de Nègre y encontró algo aún más sorprendente: una hoja de cálculo en la que figuraban 181 mujeres a las que Nègre parecía haber entrevistado y drogado.
La hoja de cálculo, titulada “Experimentos P”, contenía detalles sobre cada encuentro y sobre cómo reaccionaron las mujeres a la droga, según las mujeres que figuraban en la hoja de cálculo, quienes dijeron que la policía les había leído partes de su contenido.
Siete mujeres me describieron sus encuentros con él, al igual que dos de sus abogados. Tres mujeres hablaron bajo condición de anonimato para poder hablar con más libertad de una experiencia traumática.
Algunas de las mujeres dijeron que ya eran colegas de Nègre cuando este se acercó a ellas. Otras dijeron que eran personas externas que habían solicitado un empleo.
Otras más dijeron que aceptaron reunirse con él después de que las invitara de improviso, a veces a través de LinkedIn, a entrevistarse para puestos vacantes que, en algunas ocasiones, no existían. Al menos en un caso, una mujer dijo que fue invitada a entrevistarse para una vacante real para la que, en retrospectiva, llegó a la conclusión de que realmente no estaba considerada.
Nègre solía ofrecer a las solicitantes té y café mezclados con diuréticos, según los fiscales y las mujeres, antes de sugerirles que hablaran en el exterior, dijeron. Luego las llevaba a dar un paseo de varias horas, dijeron, lejos de cualquier baño accesible.
Anaïs de Vos, quien conoció a Nègre en 2011 en París tras solicitar un puesto de secretaria, dijo que intentó aguantar todo lo que pudo. Cuando De Vos, que entonces tenía 28 años, llegó por fin al baño de un café, ya se había orinado encima. “En realidad, nunca me había sentido tan mal como aquel día”, dijo en una entrevista telefónica.
La mayoría de las mujeres dijeron que se sintieron mal físicamente durante horas o días después de las entrevistas. Algunas dijeron haber sufrido graves consecuencias en su salud, incluidos problemas urinarios a largo plazo.
Las consecuencias también fueron psicológicas. Sylvie Delezenne, quien tenía 35 años cuando conoció a Nègre en 2015, nunca pudo encontrar otro trabajo. “Estaba traumatizada”, dijo en una entrevista. “Realmente pensé que era una inútil, que era una incompetente”.
Aurore Jeunot, quien tenía 24 años cuando conoció a Nègre en 2013, dijo que se desmayó en la estación de tren de camino a casa después de la entrevista, y pensó que era una reacción de su cuerpo a la vergüenza que sentía.
“Había dedicado toda mi vida a una carrera en el Ministerio de Cultura o en un gran museo nacional; todos mis estudios se habían orientado hacia eso”, dijo. “Pues bien, renuncié a ello”.
En octubre de 2018, Nègre fue despedido de su trabajo. Varios meses después, la fiscalía lo acusó formalmente de administrar sustancias nocivas, ejercer violencia como funcionario público, invadir la intimidad y cometer agresión sexual, por actos que la fiscalía enumeró como cometidos entre 2009 y 2018.
Cuando el periódico francés Libération le pidió que comentara al respecto en 2019, hizo una admisión parcial, y reconoció que había tomado algunas fotos y administrado drogas a “10 o 20” mujeres. “Ojalá alguien me hubiera detenido antes”, dijo. “Era compulsivo, pero no tenía intención de envenenar a esas mujeres”.
Para entonces, algunas mujeres cuyos nombres no aparecían en la hoja de cálculo se habían enterado del caso por los medios de comunicación.
Se pusieron en contacto con la Fundación de las Mujeres, una organización sin fines de lucro que ofreció su grupo de abogados para ayudar a las mujeres a emprender acciones legales.
Pero durante años, ocurrió poco. Al menos 10 mujeres presentaron demandas contra el Ministerio de Cultura.
Un tribunal administrativo dijo que siete mujeres debían recibir una indemnización económica, pero afirmó que el ministerio no era culpable de no protegerlas, según documentos judiciales y un abogado implicado en el caso. En junio, un tribunal de París evaluará los casos de al menos otras tres mujeres.
En la causa penal separada, los fiscales aún no han terminado su investigación y un tribunal aún no ha decidido si Nègre debe ser juzgado.
El pasado julio, la Fundación de las Mujeres criticó en un comunicado la “insoportable lentitud” del sistema judicial, del que dijo que era “incapaz de gestionar un caso de esta magnitud”.
Laure Beccuau, fiscal que dirige la investigación, no respondió a las solicitudes de comentarios. En una declaración pública realizada en febrero, su oficina dijo que estaba trabajando con múltiples organismos encargados de hacer cumplir la ley para intentar cerrar el caso antes de finales de año. Hasta la fecha, los investigadores han identificado a 248 víctimas potenciales y 180 se han vuelto parte del caso de manera oficial.
La frustración de las denunciantes se amplificó cuando, en octubre, un periódico francés reveló que Nègre había seguido trabajando con otra identidad e impartía clases de recursos humanos en universidades y trabajaba como consultor en otra parte de Francia.
Aunque la causa penal aún no ha llegado a los tribunales, ha empezado a ganar más tracción en el discurso público. En 2019, un periódico francés calificó el caso de “una historia para mearse encima”. El año pasado, por fin pareció tomarse más en serio.
Josso, la legisladora, invitó a unas 40 de las mujeres implicadas en el caso a contar su historia en octubre en el Parlamento francés. Era la primera vez que se escuchaba a alguna de ellas en un entorno institucional, dijo Josso.
Después, algunas demandantes empezaron a conceder entrevistas a destacados medios de comunicación y a hacer publicaciones en las redes sociales. Varias dijeron que se sentían alentadas por el caso Pelicot y los estereotipos que disipó sobre la violencia sexual y la sumisión química.
“Gracias a Gisèle Pelicot”, dijo Jeunot en un video ampliamente compartido en las redes sociales, “ya no me avergüenzo”.
fuente: tn
op: checo murciano
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