Indignación en Valle Fértil: Robaron la alcancía del oratorio del Cura Brochero y ya no abrirá las 24 horas
Delincuentes se llevaron las donaciones de los fieles en Villa San Agustín. Tras el hecho, su impulsor lamentó la falta de respeto a los lugares sagrados y anunció restricciones para proteger el predio.
La tranquilidad de la Villa San Agustín, en el departamento de Valle Fértil, se vio alterada tras conocerse un hecho delictivo que ha provocado una profunda tristeza y desazón entre los vecinos. El oratorio dedicado al Curita Brochero, un espacio de fe construido con esfuerzo familiar y comunitario, fue blanco de la delincuencia: desconocidos se llevaron la alcancía que contenía las donaciones de los fieles.
Jorge Silva, el vecino responsable de la creación de este espacio sagrado, relató que el robo fue advertido el pasado domingo por la tarde. Según sus estimaciones, el hecho habría ocurrido entre la noche del viernes y el transcurso del sábado, aprovechando momentos en los que no había presencia de promesantes en el lugar. “Parece increíble que hasta los lugares sagrados sean víctimas de robo”, expresó Silva con amargura.
El oratorio se encuentra ubicado sobre la calle Rawson, unos 500 metros después de pasar el barrio cercano, en una zona camino al albergue de la villa. A pesar de que la hija de Silva vive justo enfrente y otros vecinos residen en las cercanías, nadie pudo ver movimientos extraños ni identificar a los autores del ilícito, lo que incrementa la sensación de vulnerabilidad en la zona.
La alcancía robada no era solo un recipiente de dinero, sino el símbolo de la gratitud de los fieles. Había sido donada por una vecina como parte de una promesa al cura gaucho y, aunque Silva inicialmente no era partidario de recibir dinero, las donaciones se habían vuelto fundamentales para el sostenimiento del predio, ya que se utilizaban exclusivamente para pagar la factura de luz y comprar elementos para el cuidado y embellecimiento del lugar.
Ante este escenario, la familia Silva se vio obligada a tomar una drástica decisión: modificar el régimen de apertura del oratorio. Hasta ahora, el lugar permanecía abierto de forma permanente para que cualquier persona pudiera acercarse a rezar en cualquier momento del día. Sin embargo, la inseguridad obliga a colocar candados para evitar que se lleven otros elementos de valor, como los sanitarios del baño instalado en el predio.
A pesar del mal trago, Silva apela a la conciencia de los habitantes de San Agustín para que entiendan que el oratorio pertenece a la comunidad y debe ser cuidado entre todos. El sitio no es un lugar improvisado; es el fruto de una promesa y de un año de trabajo constante. Inaugurado el 25 de abril del año pasado, se ha convertido en un punto de referencia para los fieles, especialmente los días 16 de cada mes.
Jorge Silva, un jubilado que recientemente atravesó problemas de salud y siente una conexión personal muy fuerte con la imagen del santo, ha decidido que su próxima etapa de vida estará dedicada casi por completo a custodiar el oratorio. “Ya la semana que viene me instalo allá en la casa de mi hija, me voy a dedicar a cuidarlo. Como él me cuida a mí, voy a tener que cuidarlo a él”, afirmó con determinación, manteniendo la esperanza de que el espíritu de fe prevalezca sobre la delincuencia.
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