La tensión entre el ala política y el equipo económico empantana la estrategia electoral 2027

Patricia Bullrich cuestionó la falta de coordinación y advirtió por el impacto sobre los aliados. La discusión se extiende a la estrategia electoral de 2027 y a la necesidad de mostrar resultados sin alterar el programa fiscal.

La discusión por las modificaciones al régimen de discapacidad incorporadas al Presupuesto 2027 volvió a exponer diferencias dentro del Gobierno sobre la forma de administrar el programa económico y, al mismo tiempo, sostener la construcción política de cara a las elecciones de 2027. El conflicto no quedó limitado al contenido de los cambios. sino que también puso en evidencia problemas de coordinación entre el equipo económico, la mesa política y los legisladores que deben negociar el proyecto en el Congreso.

La primera señal pública llegó de Patricia Bullrich, jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, quien reconoció que desconocía las modificaciones introducidas en materia de discapacidad. La senadora sostuvo que el tema no había sido discutido en la mesa política y advirtió que la situación podía resentir el vínculo con los aliados parlamentarios, precisamente cuando el oficialismo necesita construir acuerdos para avanzar con el Presupuesto y con el resto de su agenda legislativa.

El episodio tomó por sorpresa también a los diputados oficialistas. La bancada libertaria venía trabajando junto con sectores aliados en un dictamen propio, con el objetivo de modificar el esquema vigente y avanzar hacia una solución que pudiera reunir apoyos en la Cámara baja. El ingreso del Presupuesto obligó a los legisladores a revisar una negociación que ya estaba en marcha.

Discapacidad, Presupuesto y 2027: las diferencias que atraviesan al Gobierno

La diferencia expuso dos tiempos dentro del Gobierno. Por un lado, el equipo económico sostiene la necesidad de preservar el equilibrio fiscal y evitar que las decisiones adoptadas durante la primera etapa de la gestión sean revisadas bajo presión política. Por otro, el ala política observa que algunas medidas pueden tener un costo parlamentario y electoral que complique la relación con gobernadores, bloques aliados y sectores que el oficialismo necesita para aprobar sus proyectos.

El propio debate sobre discapacidad dejó una señal concreta de esa tensión. Según reconstruyó Ámbito, el bloque oficialista había optado por participar de la discusión parlamentaria en lugar de bloquearla y trabajaba sobre un dictamen propio junto con aliados. La aparición de modificaciones en el Presupuesto que afectaban el espíritu de esa negociación generó malestar entre los legisladores y obligó a la bancada a despegarse parcialmente de la estrategia planteada desde Balcarce 50.

Bullrich hizo explícito el problema. La senadora planteó que las decisiones deberían discutirse previamente en la mesa política para evitar que los legisladores reciban en el Congreso un proyecto diferente del que venían negociando. La discusión se conecta con una diferencia que atraviesa al Gobierno desde hace varios meses. El ala política viene planteando internamente la necesidad de hacer algo de cara a 2027 sin modificar los pilares del programa económico. La idea que circula en ese sector no es abandonar el equilibrio fiscal ni regresar a políticas que el oficialismo identifica con el populismo, sino encontrar medidas que permitan que la recuperación tenga un impacto más visible sobre la economía cotidiana.

Ese planteo también aparece en las conversaciones sobre la política cambiaria. En una de las reuniones anteriores de la mesa política, Bullrich volvió a plantear que el dólar debería acompañar la trayectoria de la inflación, con el argumento de evitar que un eventual atraso cambiario genere costos sobre la actividad y la competitividad. La posición encontró un límite en el equipo económico, que mantiene la estrategia cambiaria y considera que cualquier modificación debe formar parte del programa general y no responder a una presión coyuntural.

En el entorno de Javier Milei sostienen que el programa debe mantenerse sin concesiones y que los legisladores tienen que defender públicamente sus resultados. El lunes, en el encuentro con legisladores, el Presidente rechazó los diagnósticos sobre una caída de la actividad, el empleo y el poder adquisitivo y transmitió a su tropa la necesidad de sostener el rumbo. Pero lo cierto es que en ese encuentro también se reflejó el cortocircuito entre quienes consideran necesario preservar la estrategia económica y quienes reclaman mayor margen para construir políticamente.

La diferencia no implica necesariamente la existencia de dos proyectos económicos dentro del Gobierno. El punto de discusión pasa por los márgenes para administrar políticamente el mismo programa. El ala económica busca preservar las condiciones de estabilidad y evitar medidas que puedan afectar las variables que considera centrales. En tanto, otros miembros del Gabinete empiezan a advertir que la estrategia deberá convivir con una agenda electoral y con la necesidad de ampliar los apoyos legislativos durante el segundo tramo de la gestión.

La mesa política tiene por delante la tarea de construir acuerdos para el Presupuesto y para otros proyectos que el Gobierno considera centrales, entre ellos la reforma política. El lunes por la noche, durante una cena en el local de San Telmo, Karina Milei transmitió a los legisladores libertarios que deben mantener una relación cuidadosa con los dirigentes que pueden acompañar al oficialismo en el Congreso.

De fondo aparece una pregunta que empieza a ganar espacio dentro del oficialismo sobre cómo llegar a 2027 sin alterar las bases del modelo y, al mismo tiempo, mostrar resultados concretos en la vida cotidiana. El oficialismo deberá procesar esa discusión mientras avanza el tratamiento del Presupuesto 2027.

Fuente: Ámbito
OP: Sebastián Almada

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