¿Macri reirá último? La batalla de los chats de Marcelo D’Alessandro vs. las chicas de Gerardo Milman

Las operaciones de inteligencia como una forma de entender la política: una marca registrada de Macri Los escándalos de D'Alessandro y Milman en espejo. El papel de los medios y la justicia en 5 claves para entender cómo empieza el año electoral para el PRO

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1. La naturaleza del PRO

Como no podía ser de otra manera, la interna del PRO va a terminar resolviéndose por las operaciones de inteligencia, naturalizadas por los medios amigos y coronadas por el aparato judicial.

Desde su nacimiento, esa fue la forma de acumulación de la fuerza creada alrededor de la figura de Mauricio Macri. Espionaje ilegal a los opositores y maniobras de criminalización con denuncias armadas en los medios. Pero también control de la propia fuerza con el poder de chantaje que da conocer, y estar dispuesto a usar, los secretos de los competidores internos.

El método –que alcanzó a las principales figuras de Cambiemos, como Horacio Rodríguez Larreta, Diego Santilli y María Eugenia Vidal– tiene sus antecedentes en el paso de Macri por el mundo del fútbol, donde ya descollaba el ahora fallecido comisario Jorge “Fino” Palacios desde la Gerencia de Seguridad de Boca Juniors.

Palacios sería nombrado después como primer jefe de la Policía Metropolitana y procesado por el espionaje ilegal que desarrolló en ese cargo a pedido del por entonces Jefe de Gobierno.

Espiar a los propios es también una costumbre de familia. La inauguró papá Franco para asegurarse el manejo de las relaciones comerciales y amorosas de sus hijos e hijas (y también de sus sucesivas parejas) y Mauricio la heredó y perfeccionó transformándola en una actividad de los servicios de inteligencia oficiales, como bien lo experimentaron sus hermanas Sandra y Florencia.

. ¿Milman vs. D’Alesandro o Larreta vs. Bullrich?

Casualmente, o no tanto, los dos principales precandidatos a la presidencia del PRO reciben 2023 envueltos en escándalos protagonizados, hasta ahora, por colaboradores de su más estrecha confianza. El ministro porteño Marcelo D’Alessandro en el bando de Rodríguez Larreta y el diputado Gerardo Milman en el de Patricia Bullrich.

En un curioso juego de espejos, los dos casos muestran por un lado una trascendencia institucional imposible de exagerar, pero difícil de entender por el gran público, y por el otro una vertiente espectacular fácil de decodificar para cualquiera.

Milman ganó protagonismo por sus hasta ahora inexplicados vínculos con el atentado a Cristina Kirchner y estalló hasta en los programas de escandaletes por sus múltiples jóvenes asesoras, con picos insuperables como la Miss Argentina colocada al frente de un puesto clave de la inteligencia durante la gestión Bullrich en el ministerio de Seguridad.

Los chats de D’Alessandro pusieron en primer plano las promiscuas relaciones de la Corte Suprema con la oposición, exponiendo el punto nodal de la crisis institucional que amenaza a la democracia argentina, y ganan en espectacularidad con el revoleo de sobres y coimas en dólares nada menos que con los dueños de las odiadas grúas.

. Los peligros de apostar a la política tóxica

En los dos casos, la primera reacción fue acusar al kirchnerismo por las sucesivas filtraciones que fueron comprometiendo a los dos protagonistas. Aunque también en los dos casos los afectados apuntaron por lo bajo hacia sus rivales en la interna.

Es casi imposible asegurar en este momento cuál de las dos hipótesis es la correcta, pero para una fuerza como Juntos por el Cambio definirlo no tiene mayor importancia.

FUENTE: PÁGINA 12

OPERADOR: ANA PAULA CARRASCO

 

 

 

 

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