Para que la IA sea una aliada en las aulas
Más allá de los temores concretos que refuerzan la necesidad de sacar a ChatGPT del entorno educativo, desde la academia buscan incorporar los algoritmos en el proceso de aprendizaje con una mirada crítica.

Desde la irrupción de ChatGPT, a fines de 2022, los impactos de la IA en la educación fueron uno de los temas principales de disputa. Quienes utilizan la IA para estudiar o realizar una tarea: ¿aprenden realmente? Si aprender es un proceso y no solo se resume en obtener resultados, ¿qué sucede cuando, gracias a la tecnología, el alumno puede tomar ese atajo directo hacia las soluciones? En las universidades de todo el país, docentes, estudiantes y autoridades debaten los mejores caminos para incorporar la tecnología sin barrer de un plumazo el recorrido pedagógico. Los equipos de investigación de las diferentes casas de estudio crean chatbots aptos para las aulas, que sirven de ayuda para quienes enseñan y también para quienes aprenden. En resumen: buscan convertir a la IA en una aliada y no en una enemiga.
Uno de los casos más sugestivos nace de la Universidad Nacional de Quilmes. El proyecto de extensión, denominado Desarrolla2, se presenta como una plataforma “para que los estudiantes usen IA sin delegar el conocimiento”. A diferencia de los chatbots convencionales, en vez de generar respuestas, el bot de la UNQ promueve nuevos interrogantes, solicita fundamentos y orienta hipótesis de investigación sin dar directamente los resultados. Los docentes son quienes plantean la actividad y definen cómo el algoritmo debe seguir el aprendizaje de cada alumno.
Uno de los principales conflictos que expresan los docentes es saber si, efectivamente, los estudiantes piensan mientras usan la IA, o, más bien, la utilizan de manera acrítica durante sus trabajos. En diálogo con este diario, Maximiliano Pérez, líder de la iniciativa, detalla: “La IA está orientada por las instrucciones y el contexto que configura el docente para formular preguntas, pedir evidencias y abrir perspectivas. No buscamos que le dé siempre la razón al estudiante ni que le resuelva la actividad, sino que lo ayude a profundizar su análisis. La pregunta no es solamente ‘¿usó inteligencia artificial?’, sino ‘¿qué hizo intelectualmente mientras la usaba?’. Nos interesa que pueda explicar qué sostiene, por qué lo sostiene y de qué decisiones se hace cargo.”
En este caso, la IA acompaña a los estudiantes y los invita a contrastar, profundizar y decidir. Por su parte, el profesor puede acceder y reconstruir los diálogos que cada quien tuvo con el chat; una herramienta más para evaluar la transparencia de cada proceso de aprendizaje. Verifica lo que sucede en la interfaz y tiene mecanismos para poder intervenir en la escena pedagógica.
En el presente, Desarrolla2 acumula 49 casos confirmados y casi 4 mil intervenciones escritas de 150 estudiantes. Pérez agrega: “También incorporamos la coevaluación. Por asignación docente, un estudiante puede revisar el recorrido de un compañero y ofrecerle una devolución: identificar buenas preguntas, señalar argumentos débiles o reconocer cuándo una objeción permitió mejorar una propuesta. Así también se aprende a aprovechar la IA observando cómo otros trabajan con ella”.
Otros ejemplos valiosos
La Facultad de Ciencias Económicas de la UBA presentó de manera reciente Mi Econ, para ser utilizada en los procesos de enseñanza, aprendizaje y evaluación. La herramienta funciona en un entorno cerrado y seguro, y utiliza solamente materiales académicos seleccionados por las cátedras. Además, prevé la trazabilidad de las interacciones y el acceso de los estudiantes. En el presente, Mi Economía es utilizada por 2 mil alumnos en 40 materias y 184 cursos, que involucran a 44 cátedras.
Al igual que con Desarrolla2, cada docente tiene la posibilidad de configurar el chatbot que acompañará la materia, a partir de tutorías personalizadas y simulaciones de escenarios pedagógicos. Del mismo modo, la Facultad asume una discusión central: la evaluación. A partir de la nueva herramienta, existen mecanismos que “no solo permiten valorar el resultado final de los trabajos, sino también el proceso de elaboración, mediante borradores, registros de trabajo, defensas orales breves y evidencias que acrediten la autoría intelectual de los estudiantes”.
La Universidad Nacional de San Luis apuesta a seguir un camino similar. Desde la Facultad de Turismo y Urbanismo presentaron un proyecto para integrar chatbots con IA generativa “para mejorar el rendimiento académico”. Buscan determinar si una herramienta de esta clase podrá potenciar el tránsito de los estudiantes por la institución. También hay líneas similares de exploración en la Universidad Nacional del Centro de la provincia de Buenos Aires.
Sobre las diferentes iniciativas y las controversias que genera la IA en los escenarios educativos, Emmanuel Iarussi, investigador del Conicet en el Laboratorio de IA de la Universidad Torcuato Di Tella, comenta: “Hace poco leía un artículo en The Wall Street Journal con el que acuerdo. Decía algo así como que hay que empezar a enseñar sin IA, con IA y sobre IA. Está claro que es necesario aprender sin IA porque hay cierta gimnasia que el cerebro tiene que tener para poder pensar fenómenos complejos; al mismo tiempo, las personas deben formarse en las nuevas tecnologías que están disponibles. Por último, las universidades deben formar gente para que sepa qué desafíos y alarmas plantea la IA. En definitiva, estudiar la tecnología”.
Más malas que buenas
A pesar de que las universidades desarrollan opciones para mejorar los procesos pedagógicos utilizando a la IA como aliada, lo cierto es que, por el momento, la evidencia no es positiva acerca de su inclusión en el aula. Por lo general, se concluye que los alumnos aprenden menos.
A nivel local, especialistas publicaron un documento que invita a “sacar al ChatGPT de las aulas”. Con la firma de investigadores como Fernando Schapachnik, Diego Golombek, Andrea Goldin y Sandra Ziegler, el documento concluye: “Los chatbots de IA en el aula están matando nuestra capacidad para pensar. Estamos a tiempo de evitarlo”. Y citan, para justificar su posición, numerosos estudios que advierten sobre los potenciales peligros que el uso de estas herramientas tecnológicas provoca en la cognición.
Los chatbots son herramientas poderosísimas, pero no estimulan el trabajo colaborativo entre estudiantes, ni tampoco dejan un margen para el error o la duda. Precisamente, la duda, envuelta en signo de pregunta, es la que, a lo largo de las generaciones, ha fomentado el avance de la ciencia. El conocimiento científico que se transmite en las aulas universitarias no está hecho de plenas certezas, sino de puras dudas.
Si en el presente, una IA brinda todos los resultados, lo que suministra es la maravilla de los atajos. El problema es que en esos atajos no se aloja el proceso de aprendizaje. Por el contrario, aprender es aprender a pensar y lleva tiempo. Todo lo contrario a lo que hace la inteligencia artificial, devenida en un oráculo poderosísimo, que solo vomita respuestas y respuestas.
¿Será que, ante la irrupción de un fenómeno de este calibre, lo único que queda es el equilibrio? Iarussi responde: “Es cierto que ya hay evidencia de que la IA disminuye el roce que uno tiene cuando aprende y que, en definitiva, perjudica el aprendizaje a corto y largo plazo. Hay bastantes papers que muestran que la gente que aprende con IA olvida bastante rápido en relación a quienes aprendieron a la antigua. Sin embargo, hacer de cuenta que no existe o ignorarla por completo es imposible”. Tanto fuera como dentro del aula.
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