Psicosis posparto, un cuadro tabú
Es poco frecuente y afecta a entre una y dos mujeres cada 1.000 partos y aparece de manera abrupta durante las primeras semanas, luego del nacimiento.

La psiquis de una madre que acaba de parir puede ser tan frágil como la de su bebé recién nacido. El caso de Lindsay Clancy, quien es juzgada en Massachusetts, Estados Unidos, por asesinar a sus tres hijos en 2023, pone en agenda un tema tabú: la psicosis puerperal o psicosis posparto. Se trata de un cuadro psiquiátrico grave y poco frecuente que, según un estudio publicado en la revista científica Brain Sciences, afecta a entre 1 y 2 mujeres cada 1.000 partos y aparece generalmente de manera abrupta durante los primeros días o semanas después del nacimiento. La mujer puede presentar una pérdida del contacto con la realidad: ideas delirantes, alucinaciones, confusión, desorganización del pensamiento o de la conducta, cambios muy marcados del estado de ánimo e insomnio.
Milagros Méndez Rivas es psiquiatra perinatal y directora de Beza Perinatal, desde donde acompaña a embarazadas y madres con niños pequeños. Recalca que la psicosis puerperal puede ocurrirle a una mujer sin ningún antecedente psiquiátrico previo. “A veces existe la falsa tranquilidad de pensar que una mujer que nunca tuvo un problema de salud mental, no puede desarrollar un cuadro grave después de parir. Sí sabemos que hay mujeres con mayor riesgo, especialmente aquellas con antecedente de trastorno bipolar, una psicosis posparto previa o determinados antecedentes familiares. Pero también existen mujeres cuyo primer episodio psiquiátrico aparece justamente en el posparto”. Por eso, no alcanza con preguntar si una mujer “tuvo antecedentes”.
Nancy dio a luz a su tercer hijo en un contexto familiar complejo. Sin embargo, los primeros dos días, remarca, se sentía muy bien, en “la cumbre de la felicidad”. La conexión con su hijo fue inmediata y el efecto de la revolución hormonal, también.
“Llegamos a casa y comencé a sentirme muy inestable. Mucho más inestable que en mis puerperios anteriores. Estaba extremadamente sensible. No podía parar de llorar. Me despertaba todas las mañanas con mi bebé en mi cama. Lo miraba y sentía que no podía hacerme cargo de él, que me quería morir. Fueron tiempos de mucha culpa: ¿qué tipo de persona era si deseaba que mi maternidad se terminara? Es la primera vez que hablo de esto”, confiesa.
Hay una explicación biológica que puede contribuir a comprender lo que atravesó Nancy. Los niveles de estrógeno y progesterona disminuyen drásticamente después del alumbramiento, mientras que los de prolactina y oxitocina experimentan cambios importantes durante el posparto. Estos cambios hormonales forman parte de una etapa de enorme vulnerabilidad física y emocional y pueden intervenir, junto con otros factores, en los trastornos del ánimo perinatales. La depresión posparto, sin embargo, no debe confundirse con la psicosis puerperal.
“Durante una psicosis posparto la mujer atraviesa un episodio psicótico, es decir, un período en el cual su percepción e interpretación de la realidad están profundamente alteradas. Tenemos que comprender que estamos frente a una persona gravemente enferma que necesita atención médica urgente”, enfatiza Méndez Rivas.
Banderas que se prenden fuego
María Villareal es licenciada en Obstetricia y cuenta con un largo recorrido acompañando a mujeres tanto en el preparto como durante los días posteriores al nacimiento. En su rol de partera ha visto de cerca el sufrimiento provocado por los problemas de salud mental perinatal. Habla sobre la importancia de prestar atención cuando aparece un insomnio que persiste, incluso cuando la mujer tiene la oportunidad de dormir. El bebé duerme varias horas, pero la madre no logra conciliar el sueño ni siquiera durante diez minutos.
“El insomnio puede ser consecuencia de una alteración en su salud mental o puede ser la causa. En ocasiones, ambas cosas se retroalimentan de una forma muy dañina. Otra señal que debe llamarnos la atención como posible síntoma de una psicosis posparto es el discurso desorganizado, lleno de incoherencias, o el salto permanente de un tema a otro. Es bastante habitual —y normal— que la madre reciente olvide qué día es, que deje las llaves del auto en el baño o que tarde el triple en enviar un correo electrónico de trabajo. No es normal que diga: ‘Creo que mi bebé tiene lombrices en la panza’, ‘el vecino me vigila a través de las cañerías del baño’, ‘tu mamá está planeando robarnos a nuestra hija’, y frases por el estilo”.
La especialista destaca que en la psicosis posparto pueden aparecer una desconfianza extrema hacia el equipo de salud, un familiar u otras personas.
“La paciencia y la empatía son clave cuando nos comunicamos con alguien que está viviendo otra realidad. Insistir en que algo es una locura y es falso no tiene sentido: quien atraviesa una psicosis vive sus alucinaciones y paranoias como reales”, asegura Villareal.
Otra señal que requiere atención es la aparición de pensamientos intrusivos muy intensos y frecuentes. Son pensamientos que irrumpen repentinamente: que el bebé se ahoga, cae por una escalera, muere o se quema, o imágenes en las que ellas mismas le pegan, lo dañan o lo matan. Muchas veces estos pensamientos son egodistónicos, es decir, chocan completamente con los valores y deseos de esa mujer. Por eso suelen provocar una enorme culpa y permanecer ocultos.
Es importante aclarar que tener un pensamiento intrusivo no equivale a querer llevarlo a cabo. Pero, por más doloroso que resulte escucharlo, si una madre cuenta que está atravesando este tipo de pensamientos, es necesario detenerse, escucharla, ofrecer apoyo y consultar a un profesional.
Méndez Rivas sostiene que es vital incorporar la salud mental a los controles durante el embarazo: “Durante el embarazo una mujer está muy inserta en el sistema de salud: hacemos ecografías, análisis de sangre, controlamos la presión, el crecimiento del bebé, hacemos screening para diabetes gestacional. Sin embargo, todavía no evaluamos de manera sistemática cómo está emocionalmente esa mujer”.
Esto resulta especialmente llamativo porque los trastornos del estado de ánimo y de ansiedad se encuentran entre las complicaciones más frecuentes de la etapa perinatal.
“Aproximadamente una de cada cinco mujeres puede presentar problemas significativos de salud mental durante el embarazo o el posparto. Se estima que el 75% de las mujeres no recibe un diagnóstico o tratamiento adecuado”, asegura Méndez Rivas.
Brotadas y castigadas
En Estados Unidos, Lindsay Clancy enfrenta un juicio tras haber sido acusada de asesinar a sus tres hijos en 2023. Treinta días antes del hecho había manifestado tener “pensamientos sobre hacerles daño a los niños”. Incluso estuvo internada en un centro psiquiátrico y fue dada de alta pocos días después. Según la postura de su defensa, atravesaba síntomas que incluían alucinaciones y delirios después del nacimiento de su tercer hijo, que tenía ocho meses cuando murió.
La defensa sostiene que Clancy atravesó un cuadro de psicosis posparto. Después de la muerte de sus hijos intentó suicidarse y sufrió lesiones que la dejaron en una silla de ruedas.
Otro caso que causó conmoción fue el de Romina Tejerina. Tras ser violada en 2002, a sus 19 años, ocultó el embarazo durante siete meses. En febrero de 2003 dio a luz en el baño de su casa y atacó a la recién nacida con 21 puñaladas. Durante el proceso judicial se discutió extensamente su estado psíquico al momento del hecho. Finalmente fue condenada a 14 años de prisión y recuperó la libertad condicional en 2012, después de cumplir aproximadamente nueve años detenida.
La muerte de un niño en manos de quien le dio la vida escandaliza, perturba, preocupa y nos empuja a buscar culpables. Pocas figuras despiertan una condena social tan inmediata como la de la “mala madre”. Pero antes de que el sufrimiento llegue a situaciones extremas, existen herramientas sencillas para detectar problemas de salud mental.
La Escala de Depresión Posnatal de Edimburgo, por ejemplo, es un cuestionario validado de apenas diez preguntas, autoadministrable, gratuito y que puede completarse en pocos minutos. “Permite hacer un screening durante el embarazo y el posparto e identificar a aquellas mujeres que necesitan una evaluación más profunda”, asegura Méndez Rivas.
Sería pertinente empezar a pensar la evaluación de la salud mental como pensar cualquier otro control del embarazo como parte del cuidado integral de una mujer gestante.
“Sistematizar este tipo de screening permitiría detectar, intervenir antes y evitar que muchas mujeres lleguen al sistema de salud recién cuando el sufrimiento se volvió muy intenso”, concluye Méndez Rivas.
Los comentarios están cerrados.