Este martes, a partir de una transmisión en vivo, la NASA revelará imágenes inéditas del universo tomadas por el telescopio espacial James Webb. Se trata del más potente de la historia y ofrecerá fotografías con una nitidez que los especialistas anticipan “deslumbrante”. De hecho, los y las amantes del cosmos no pueden contener la emoción, porque las promesas de esta tecnología resultan inmensas. A las 18 horas de Argentina, desde la Casa Blanca, este lunes Joe Biden dio un adelanto y exhibió una de las imágenes.

A partir de su tecnología infrarroja, el James Webb tiene la capacidad de atravesar nubes de polvo cósmico e identificar la luz de las primeras estrellas. Puede “ver atrás en el tiempo”, hasta un período cercano al Big Bang: nada menos que 13.800 millones de años. ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Estamos solos? Son algunos de los interrogantes que la humanidad se ha realizado desde su propia emergencia, que la religión ha intentado explicar y que la ciencia, con una mayor dosis de honestidad, no ha podido contestar. En 2022, los sueños de propios y extraños parecen volverse realidad.

El James Webb, que complementará y superará el trabajo de algunos predecesores como el Hubble, brindará una exhibición de imágenes vinculadas a temáticas específicas, como el universo primitivo, el proceso evolutivo de las galaxias y el ciclo vital de las estrellas. En el menú, el martes se descubrirán fotografías de galaxias muy lejanas, nebulosas como Carina (a 7.600 años luz de distancia) y planetas muy distantes, tal como WASP-96 b (descubierto en 2014, a unos 1.150 años luz). Estos, sin embargo, constituyen los primeros objetivos, pero habrá más porque la infraestructura de observación espacial promete una vida útil de 20 años.

Hacia el origen de los tiempos

“A diferencia del Hubble, el James Webb cuenta con un espejo mucho más grande de unos seis metros. Cuanta más área de recolección de luz tenés, es posible observar objetos más débiles. Si uno observa objetos más débiles, como resultado está viendo más atrás en el tiempo. Por eso es que nos permitirá llegar a épocas que aún no fueron observadas”, señala Susana Pedrosa, Investigadora del Conicet en el Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE).

“La debilidad se relaciona con que la intensidad de la luz decrece con el cuadrado de la distancia. De manera que, al ser capaz de ver objetos más débiles, sos capaz de ver más lejos y, por lo tanto, más atrás en el tiempo”, apunta su colega del IAFE, Leonardo Pelliza. Hay una novela escrita por Isaac Asimov “El pasado muerto” (1956), que explica, precisamente, que lo que un individuo observa en el presente siempre es pasado. En efecto, el Sol podría afrontar algún cataclismo y el impacto en la Tierra recién se notaría a los ocho minutos, sencillamente, porque se halla a ocho minutos luz de distancia.

Bajo esta premisa, el universo sigue brindando muestras de eventos que sucedieron hace muchísimo tiempo. “En realidad, en este momento, nos está llegando luz que podría provenir casi desde la época del Big Bang. El asunto es cómo recoger esa luz, por ello, en la medida en que vas teniendo avances tecnológicos y espejos más grandes, como tiene el James Webb, se incrementa el poder de recolectar más luz y generar nuevas imágenes”, comenta Pedrosa. Y, en la misma línea, Pelliza acota: “Si uno lo piensa filosóficamente, siempre estamos mirando el pasado. Cuando con el Hubble mirábamos objetos más cercanos, de cualquier manera estaban a cierta distancia. Uno observa los fenómenos de la forma en que eran hace miles de millones de años”.

Este martes, el suspenso se acaba y los secretos mejor guardados del universo se compartirán a la sociedad. El propio jefe de la NASA, Bill Nelson, adelantó que difundirán «la imagen más profunda que se haya tomado de nuestro universo». Se trata de ver para creer y, sobre todo, de ver para entender. A lo largo de la historia, los desarrollos científicos-tecnológicos han desplazado la frontera del conocimiento, con el objetivo de expandir los saberes acerca del vecindario, el universo, del que forma parte la Tierra.

Una nueva manera de observar el universo

El James Webb, que costó 10 mil millones de dólares, fue lanzado hacia fines de 2021, desde la Guayana Francesa. Orbita al Sol a una distancia de 1.6 millones de kilómetros de la Tierra y se estaciona en una posición fija, con una cuota de combustible mínimo, que puede utilizarse ante eventuales desplazamientos.

Su espejo principal alcanza los 6 metros y medio de diámetro y, además, está compuesto de 18 segmentos bañados en oro. La estructura brinda estabilidad (apenas se tambalea 17 millonésimas de milímetro), con el objetivo de tomar las mejores imágenes nunca antes vistas, a través de la puesta a punto de cámaras, espectrógrafos y coronógrafos de última generación.

Tendrá una vida útil de dos décadas y trabajará en conjunto con otros telescopios como el Hubble, que desde hace décadas aporta vistas magníficas de diversas galaxias. La tecnología está a tono con la hazaña que se propone: develar los misterios más atesorados por el cosmos.

Futuro

Tras esta primera tanda de imágenes, el equipo que coordina las operaciones del James Webb, recibirá proyectos de astrónomos y astrónomas de todo el mundo con la meta de poder seleccionar a los mejores y, en el mediano plazo, poder llevarlos adelante. Disponer de tan maravillosa máquina no es un lujo que se puede dar todos los días y los cerebros del mundo quieren formar parte de la historia.

“Con este telescopio vamos a poder acceder a más conocimientos sobre la transformación de las primeras estrellas, así como obtener más datos sobre las galaxias. Sin galaxias no habría nuevas generaciones de estrellas. Conocer estos procesos podría explicar muchos aspectos que se vinculan con el inicio hasta la actualidad”, explica Pelliza. Después completa: “El Webb es una muestra muy clara de cómo se debe pensar la ciencia. Es una iniciativa que originó hace décadas: cuando se planifica a largo plazo se obtienen los frutos verdaderos”.

Mientras este colosal telescopio realiza sus primeras presentaciones ante un público expectante, la carrera espacial no da respiro. Ya existen otros candidatos que también serán noticia en poco tiempo. Por un lado, el HabEx, un telescopio de cuatro metros de diámetro, equipado con un escudo para bloquear la luz de las estrellas. En concreto, buscará identificar exoplanetas capaces de albergar vida. Por otro, el Luvoir, que operará en bandas ultravioleta e infrarroja, también para localizar otros mundos potencialmente habitables. Que los humanos están solos en el universo es una afirmación que, desde la racionalidad, es fácilmente colocada en duda. El desafío, por tanto, será confirmarlo con pruebas en los próximos años.

 

pablo.esteban@pagina12.com.ar

Por Pablo Esteban