El celular de Fernando “Lechuga” Pérez Algaba, el comerciante descuartizado y descartado en un arroyo de Ingeniero Budge, no aparece por ningún lado y los investigadores se encuentran con audios clave que primero llegan a la prensa, y luego a sus manos, ya que son los allegados a la víctima los que tienen los back-up y los mediatizan. Eso pasó con la serie de grabaciones que el trader asesinado hizo con un barrabrava de perfil bajo de Boca al que le debía dinero. Se trata de Gustavo Iglesias, quien -según pudo saber Infobae- ante el fiscal del caso admitió haber intercambiado conversaciones con la víctima y se desligó del crimen.

“Te voy a sacar los ojos y te voy a cortar las manos, para que no cuentes nunca más en tu vida plata”, se lo escucha decir al barra en una serie de audios que circularon en las últimas horas y que ya están en el expediente. Incluso, en algunos tramos da su nombre, apellido y hasta el DNI al sospechar que Pérez Algaba lo grababa. La respuesta de la víctima muchas veces es sobradora.

Los audios y más de 200 mensajes amenazantes son analizados por la fiscalía N°5 del departamento judicial de Lomas de Zamora, a cargo de Marcelo Domínguez, en su mayoría, están relacionados con deudas que la víctima mantenía con personas de su entorno, principalmente, con los Iglesias.

La única esperanza que tienen los investigadores, que ahora acumulan horas de charlas que llegan desde testigos, es que la Policía Federal, a cargo de las pericias, encuentre todo eso en la computadora que hallaron en el departamento que alquiló temporariamente “Lechuga”. Y más.

“Te voy a cortar las manos con una sierra”, le suelta Iglesias en otro audio que se sumó a la causa por terceros. El trasfondo de esa charla, que en parte se reproduce en esta nota y que tiene dichos muy duros, deviene en un dinero que Pérez Algaba le debía al hijo del barra, Nahuel, y que el padre le reclama con vehemencia y amenazas de todo tipo.

La existencia de la deuda fue corroborada por ambos cuando en las últimas horas se presentaron espontáneamente a declarar al respecto en el marco de la causa, acompañados de sus abogados. “Yo no te voy a matar”, también le dice el barra, quien en cierta parte le suelta que la plata ya no le importa y que lo único que quiere es reivindicar a su hijo.

En otro tramo de una de las comunicaciones admite: “Vos me traicionaste y me garcaste. Tengo un veneno con vos que te tengo odio”. Y luego le dice: “En breve nos vemos y ahí vas a conocer al verdadero Gustavo Iglesias, que no lo conocés vos. Vos te pensás que lo conocés, pero no… No conoces a Satanás. Cuando conozcas a Satanás vas a llorar y vas a suplicar por tu mamá… Pero no va a haber compasión”.

Y, en ese sentido, también se lo escucha: “Grabame. Gustavo Iglesias, Gustavo Iglesias te lo va a hacer. Y no tengo ningún problema, escuchá lo que te voy a decir, esto te lo juro por mis hijos. No tengo ningún problema después de hacerte lo que voy a hacer en ir preso, no tengo ningún problema. Me la banco, me como siete años, ocho años, diez años… No tengo ningún problema”.

Y le espeta iracundo: “Te corto las manos y voy a la comisaría con tus manos y le digo: ‘Este muchacho, Fernando, le corté las manos yo. Tome. ¿Cuánto me da? Ocho años, siete años, listo. ¿A dónde tengo que ir?’. Y me la banco, salame”.

En lo que va de la investigación, el fiscal Domínguez recibió testimonios de algunos amigos de la víctima, quienes confirmaron que Pérez Algaba tenía deudas con distintos acreedores, aunque ninguno pudo aportar información relativa a quién podría haber querido matarlo.

Uno de ellos fue Lucas Matilla, quien dijo que eran amigo de Fernando desde hacía aproximadamente 11 años, confirmó que se dedicaba a la compraventa de criptomonedas y dijo que con esa actividad no lo había ido bien, ya que su trabajo de siempre era la compraventa de motos y automóviles en la zona de Ituzaingó.

Por su parte, un hermano del empresario también declaró como testigo y contó que no compartía el estilo de vida de Fernando, fundamentalmente en lo referente a su situación económica, aunque no aportó datos concretos sobre quién pudo haberlo matado.

Pérez Algaba había llegado al país hacía poco, tras haber estado unos cuatro meses en Barcelona y luego en Miami. Sus conocidos refieren que se había escapado por las deudas que tenía, al tiempo que algunos refirieron que era “ludópata y hábil para los negocios”, y que esa adicción se acrecentó durante la pandemia del Covid-19, cuando la combinó con la compra de las cripto.

El domingo pasado, parte del cuerpo del trader fue hallado en una valija que estaba en el Arroyo del Rey, de la localidad de Ingeniero Budge. Ese objeto había sido robado por una mujer trans y la sospechosa de la sustracción es la única detenida en el caso, pero con una imputación secundaria.

Luego, encontraron el torso de Pérez Algaba y, después, su cabeza en el interior de una mochila. Todo en el mismo arroyo de Lomas de Zamora. Antes de ser descuartizado, el comerciante recibió dos disparos por la espalda.