Un argentino en el único país del mundo sin capital: “Es tan diminuto que podés recorrerlo a pie en tres horas y media”
Ramiro Cristofaro, el argentino que terminó de dar la vuelta al mundo en 2025, recordó cómo fue su experiencia en Nauru; el único país del mundo sin capital (Video gentileza: @ramacristofaro)
En un mundo donde cada vez quedan menos lugares por descubrir, todavía existe un país que parece desafiar todas las reglas. No tiene una capital oficial, recibe apenas un puñado de visitantes al año, su única aerolínea conecta islas perdidas del Pacífico y, para sostener su economía, optó por vender ciudadanías y alquilar parte de su territorio para centros de detención de migrantes.
Ese lugar es Nauru, una diminuta isla de apenas 21 kilómetros cuadrados perdida en Oceanía. Y uno de los pocos argentinos que logró llegar hasta allí es Ramiro Cristófaro, el viajero que cumplió el sueño de visitar todos los países del mundo y comparte sus experiencia en @ramacristofaro.
“Llegar a Nauru ya es una experiencia en sí misma”, admitió “Rama” en diálogo con Infobae, mientras contaba los detalles de la “burocracia absurda” que tuvo que superar para visitar el país y detallaba algunas curiosidades geográficas imposibles de encontrar en cualquier otro destino.

El viaje más complicado de Oceanía
Mientras la mayoría de los países reciben vuelos diarios desde distintos puntos del planeta, esta pequeña nación depende casi exclusivamente de una sola compañía: Nauru Airlines.
“La aerolínea hace una especie de vuelo circular que pasa por varios países de Oceanía y tiene frecuencias muy limitadas a una vez por semana”, explicó. Por eso, la logística obliga a planificar todo con precisión quirúrgica. “Un retraso o una cancelación pueden alterar significativamente la estadía”, agregó.
Nauru fue el país número 174 que visitó Rama, y a diferencia de muchas pequeñas naciones del Pacífico, exige visa previa. Y el proceso parece sacado de otra época. “Tenés que conseguir una reserva de hotel para pedir la visa. El problema es que hay solamente tres hoteles, las reservas se hacen únicamente de manera telefónica y dos prácticamente nunca responden”, relató.

La situación se vuelve todavía más surrealista porque el trámite depende prácticamente de una sola persona. “El proceso era mandarle un mail a un señor llamado ‘Cramer’. Lo curioso es que si está de vacaciones, nadie te responde. No tiene reemplazo ni una oficina alternativa”, contó entre risas.
Durante semanas llamó a hoteles, envió correos y esperó respuestas. “Imaginate llamando todos los días para que alguien te conteste. Cuando finalmente un hotel respondió, recién ahí pude avanzar con la visa”, recordó.
El único país del mundo sin capital oficial
Nauru posee otra particularidad que lo distingue del resto del planeta. Es el único Estado soberano que no tiene una capital oficialmente designada. Aunque el distrito de Yaren funciona de hecho como centro administrativo, el país nunca declaró una ciudad capital.

“En Yaren están los edificios gubernamentales y el aeropuerto. Es lo más parecido a una capital, pero oficialmente no existe una”, explicó.
La escala del país es tan pequeña que cuesta imaginarla. “Das la vuelta completa a la isla en 27 minutos en auto. Caminando tardás unas tres horas y media”, graficó Rama. Para ponerlo en perspectiva, es más chico que muchos barrios de Buenos Aires.
Un aeropuerto pegado a la Casa de Gobierno
Una de las primeras cosas que sorprendieron al argentino fue la cercanía entre el aeropuerto y los edificios oficiales. En Nauru prácticamente no existe separación entre las instalaciones aeronáuticas y la vida cotidiana. “Salís caminando del aeropuerto con la valija y ya estás en la ciudad. Cruzás la calle y tenés la Casa de Gobierno”, describió.

La pista de aterrizaje es tan singular que una parte fue construida ganándole terreno al mar. Y cuando aterriza un avión ocurre una escena difícil de imaginar en cualquier gran ciudad. “Cierran una de las calles principales con una barrera para que no pase nadie cuando llega el avión”, contó sobre esa postal que parece más propia de un pueblo remoto que de un país independiente.
Pero quizás la anécdota más llamativa sea la relación entre los visitantes y las autoridades. “En muchos países resulta impensado acercarse al jefe de Estado. En Nauru no. Es bastante normal intentar reunirte con el presidente. De hecho, hay turistas que lo hacen”, aseguró Rama. “Yo lo intenté, fui a preguntar, pero justo me dijeron que no estaba en el país”, recordó.
Ramiro contó que en Nauru es común que la gente pida entrevistas con el presidente. Él intentó, pero justo estaba fuera del país
El país que pasó de la riqueza extrema a la decadencia y ahora solventa su economía con la venta de ciudadanías
La historia económica de Nauru es una de las más sorprendentes del mundo. Durante décadas fue uno de los países más ricos del planeta gracias a la explotación de fosfato, un mineral muy demandado para fertilizantes. La bonanza generó enormes ingresos. Pero el recurso terminó agotándose y el país terminó casi en ruinas.
“Todavía hoy pueden verse restos de aquella época de abundancia. Puertos abandonados, infraestructura deteriorada y hoteles que evidencian tiempos mejores forman parte del paisaje”, describió Rama.
Ante el derrumbe económico, Nauru buscó distintas formas de generar ingresos. Una de las más polémicas fue la venta de ciudadanías a extranjeros. El mecanismo, utilizado en diferentes momentos de su historia, volvió a cobrar notoriedad internacional en 2025 como una estrategia para captar fondos y enfrentar desafíos económicos y climáticos.

Hoy, Nauru se encuentra entre los países más vulnerables al aumento del nivel del mar. Los estudios científicos determinaron que las aguas del océano Pacífico están subiendo a un ritmo 1,5 veces más rápido que el promedio mundial, un fenómeno que agrava la erosión costera y amenaza con hacer inhabitable gran parte del territorio restante de la isla.
Ante esto, el gobierno estima que el 90% de su población, es decir, cerca de 11.700 personas, necesitarán reubicarse en áreas más altas para evitar quedar desplazadas por las crecientes mareas.
Otra fuente de ingresos llegó de la mano de Australia. Durante años, Nauru albergó centros de detención para migrantes y solicitantes de asilo enviados por Canberra. “Australia hizo acuerdos para instalar centros de detención. Todavía se ven muchas estructuras relacionadas con eso”, explica el viajero.

La situación generó críticas internacionales y marcó profundamente la imagen del país. “En una isla tan chica llaman mucho la atención esas instalaciones. Es imposible no verlas. Son como el Guantánamo del Pacífico”, señaló Rama.
Una isla rodeada de belleza… y peligro
A diferencia de otros destinos paradisíacos del Pacífico, Nauru no ofrece playas ideales para el turismo tradicional. Gran parte de la costa está rodeada por formaciones rocosas extremadamente filosas. “Son como alfileres gigantes de piedra. Algunas tienen dos veces tu altura”, describió.
El paisaje resulta impactante. “A nivel visual es espectacular. Te sentás a tomar mate mirando el mar y es increíble”, aseguró. Pero meterse al agua es otra historia: “Hay arrecifes por todos lados y piedras muy peligrosas. No es un lugar para zambullirse y nadar”.

Con tan poca superficie, recorrer Nauru completo es perfectamente posible. Rama contrató a un habitante local para conocer los principales puntos de interés. No había agencias, excursiones organizadas ni guías turísticos. “Paré a alguien en la calle y le pregunté cuánto me cobraba por mostrarme la isla”, recordó.
Durante el recorrido descubrió historias inesperadas. Una de ellas estaba relacionada con la ocupación japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. “El hombre que me llevaba me mostró un memorial donde figuraba su nombre y el de su familia entre las personas desplazadas por los japoneses”, contó.
La experiencia lo impactó: “Era increíble escuchar esa historia directamente de alguien que había vivido las consecuencias en su propia familia”.

Otra de las cuestiones que más llamó la atención del argentino fue la elevada obesidad de la población: “Es algo que se ve a simple vista. No es solamente una estadística”. Según explicó, buena parte de la alimentación actual depende de productos importados y ultraprocesados.
Al mismo tiempo, observó una fuerte presencia de inversiones chinas y australianas. “Hay muchísimos comercios chinos y la moneda, por ejemplo, es el dólar australiano”, especificó.
Dormir en un hotel casi abandonado y estar en lugar donde no hay turistas
La experiencia hotelera tampoco fue convencional. Como solamente uno de los establecimientos le respondió los mensajes, terminó alojándose allí sin demasiadas alternativas. “El hotel era bastante básico. Incluso tenía ventanas rotas en algunos pasillos. No había grandes comodidades. Ni siquiera te servían el desayuno”, detalló.
Rama contó que en la isla hay solo tres hoteles, y que las reservas se hacen únicamente por teléfono
“Era casi tierra de nadie. Te tenías que arreglar por tu cuenta”, dijo en alusión a esa sensación permanente de encontrarse en un lugar que funciona con reglas distintas al resto del mundo.
Después de tres días recorriendo la isla, Ramiro se marchó con una sensación difícil de explicar. Nauru no tiene grandes monumentos. No posee playas de postal. No ofrece experiencias de lujo. Tampoco cuenta con una infraestructura turística desarrollada.
Sin embargo, justamente ahí reside su atractivo: “Turísticamente no es un país atractivo. Pero es uno de esos lugares que te muestran otra realidad completamente distinta”.

En una época donde millones de personas visitan los mismos destinos y publican las mismas fotografías, Nauru conserva algo que casi no existe: la sensación genuina de estar descubriendo un rincón desconocido del planeta.
Y para alguien que recorrió todos los países del mundo, eso vale más que cualquier postal paradisíaca. “Estás completamente solo, haciendo la tuya. No hay circuitos armados. Es una experiencia única”, remarcó Rama. Quizás por eso, en medio del inmenso océano Pacífico, esta pequeña isla sin capital oficial sigue siendo uno de los lugares más fascinantes y enigmáticos de la Tierra.
Por.M.Castro
Los comentarios están cerrados.