La crisis terminal de Cuba, la isla que se apaga: cortes de luz, falta de comida y basura en cada esquina

Aura, el nuevo streaming de TN, publica en YouTube su primer contenido on demand. Un documental exclusivo recorrió La Habana y muestra las dificultades del día a día que viven los cubanos.

Llegamos a Cuba con el pretexto de hacer un viaje turístico. El tiempo para esta cobertura será de una semana exacta, buscando contar y documentar la crisis energética, social y económica que vive el país que vuelve a estar en los titulares de los medios del mundo. Nos recibe la desolación: una población para la cual vivir hoy es subsistir. Caminar kilómetros para buscar lo que queda en las bodegas, donde acceden a lo que les corresponde según la libreta, y luego comprar lo que puedan en algún negocio de la capital para completar, en muchos casos, apenas una comida al día.

La Habana nos recibe casi sin turismo, opacada por la suciedad y el abandono. La vieja gloria de la ciudad hoy se desmorona lentamente. Las fachadas de los solares se descascaran. De a ratos, parece la postal de un país en guerra: edificios derruidos y otros directamente reducidos a escombros. Familias que viven con el temor de ser víctimas de otro derrumbe. Otras que padecen la escasez de medicamentos, y otras que simplemente buscan planear la salida.

“¿Cómo está la situación en Cuba?”, le preguntamos a un hombre que nos invita a pasar a su casa. “De difícil a imposible en ese tramo”, indica con las manos. Nos cuenta que vive de alquilar un pequeño cuarto y que en su misma casa también vive con sus padres: su papá, de 88 años y su mamá de 76. “Ahora mismo es imposible vivir en Cuba. Imposible. Mira las calles cómo están. Todo se está cayendo, todo se está derrumbando. Todas esas epidemias, producto de todas esas cochinadas que hay en las calles. No hay medicamentos en los hospitales. Mi padre peleó por esto”.

“¿Y sigue siendo revolucionario?“, le repreguntamos. Nos dice que no con su gesto.

La incertidumbre es total. Cuando llegamos a la isla, a fines de marzo, no ingresaba petróleo desde hacía tres meses. Mientras Donald Trump repite la frase “Cuba is next” y empieza a especularse sobre cuál puede ser el destino del castrismo, los cubanos sobreviven con hambre de todo tipo. En especial, con hambre de cambio y libertad. Así lo resume una mujer de 66 años que convive hace cinco con un dolor en la rodilla producto de una caída. “Que cambie todo esto y que podamos estar como las personas”, dice ante nuestra cámara, antes de quebrarse.

Hoy, en Cuba, se habla de alumbrones, más que de apagones, dada la extensión en el tiempo que suelen tener los cortes de energía. Eso hizo que volviera ese término acuñado en el llamado Período Especial, una de las mayores crisis en la historia de la isla. “¿Hace cuánto no tienen luz?”, le preguntamos a una mujer que estaba sentada en una vereda, en medio de un apagón. “Desde las seis de la tarde”, dice. “¿Y cuántos días estuvieron así con cortes?”, repreguntamos. “¿Cuántos días? Es todos los días, mami”, contesta la señora.

La crisis energética afecta el funcionamiento de lo más básico, desde el sistema de salud, hasta la conservación de alimentos. “Vea cuántas horas nos metemos sin luz. Estamos a expensas de que nos la quiten a las seis de la tarde y no la ponen más hasta las seis de la mañana… La comida ya hay que comprarla hoy en día en Cuba a diario, para que no se eche a perder. Un paquete de picadillo (carne picada). Porque si tú compras un paquete de pollo, que está carísimo -casi es un salario hoy en día-, se echa a perder”, cuenta un hombre que se define como “un comunista más, pero diciendo la verdad”.

Los cortes de luz diarios alteraron por completo la rutina en Cuba: familias enteras pasan horas a oscuras en medio del calor y la escasez. (Foto: Juan Pablo Cháves).
Los cortes de luz diarios alteraron por completo la rutina en Cuba: familias enteras pasan horas a oscuras en medio del calor y la escasez. (Foto: Juan Pablo Cháves).

Además de los recurrentes cortes de luz, muchas casas tampoco tienen agua. Circulan, a diario, camiones cisterna a los que la gente se acerca para cargar baldes y bidones. El transporte público es casi inexistente y las motos eléctricas, que funcionan con baterías recargables, y las bicicletas que empujan carros metálicos que trasladan hasta dos personas se convirtieron en los protagonistas de la calle.

Si bien todo el país está en estado crítico, lo que pasa en el sistema de salud y con el acceso a los medicamentos, es especialmente grave. Entramos a una farmacia en La Habana y lo comprobamos a simple vista. Los estantes vacíos ya indican que el panorama es desolador. Nos atiende una mujer afónica que nos confirma lo que la imagen del lugar revela por sí sola. Prácticamente, no hay nada. “Mira cómo estoy yo”, dice con una sonrisa.

A todas las adversidades, se suma el desplome del motor central de la economía cubana: el turismo. Hoteles cerrados y restaurantes vacíos son ahora el paisaje habitual de La Habana y los principales polos turísticos.

Recorrer los barrios de la capital por las noches es circular de a ratos por una ciudad fantasma, abandonada. Solo ofrece alivio la postal de alguna casa o comercio con generador o las voces de vecinos conversando y las risas de los chicos en la vereda. Todos esperando que el tiempo pase y se lleve con él la oscuridad que hoy lo inunda todo.

La Revolución impone sus símbolos, pero la realidad impone sus verdades. Cuba se está apagandoY ya no hay relato que la engañe.

Esta es la historia de un país que se derrumba.

Pero también es la historia de un pueblo en busca de la esperanza y la dignidad perdidas.

fuente: tn

op: checo murciano

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