Cobre en máximos: qué empresas pueden capitalizar el cuello de botella y cuál es la oportunidad para Argentina
La demanda vinculada con electrificación, redes y centros de datos sigue creciendo en tanto la oferta demora años en reaccionar. Analistas señalan oportunidades entre grandes mineras, proveedores eléctricos y proyectos argentinos, aunque advierten sobre los desafíos para transformar ese potencial en producción.
El cobre volvió a romper récords en 2026 y llegó a superar los u$s14.000 por tonelada en la Bolsa de Metales de Londres, muy por encima del máximo de u$s11.104 alcanzado en 2024 y de los casi u$s12.000 registrados a fines de 2025. La suba se aceleró por problemas de producción en grandes minas, bajos inventarios fuera de Estados Unidos y distorsiones comerciales vinculadas con la política arancelaria norteamericana. Sin embargo, el movimiento también se apoya en una tendencia más estructural.
De acuerdo con estimaciones del Banco Mundial, el precio promedio del metal subirá alrededor de 21% este año hasta alcanzar un récord anual, mientras la AIE advierte que el crecimiento de la oferta minera no logra acompañar una demanda cada vez mayor para redes eléctricas, vehículos eléctricos, energías renovables y centros de datos. De hecho, el organismo estima que hacia 2035 podría persistir un déficit de oferta cercano al 25%.
En ese contexto, expertos del sector consultados por Ámbito coinciden en que detrás del récord conviven factores coyunturales con una presión estructural cada vez mayor entre una demanda creciente y una oferta que tarda años en reaccionar.
Por qué el cobre llegó a máximos y qué puede pasar con el precio
Desde Boston Consulting Group (BCG), Martin Meninato, Managing Director & Partner, explicó a Ámbito que, en el corto plazo, en el precio del cobre incidieron disrupciones de oferta, movimientos de inventarios, señales de mayor demanda china y factores macroeconómicos y comerciales. Sin embargo, agregó que “existe una tensión de fondo entre una demanda creciente y una oferta que tarda muchos años en reaccionar”.
Esa diferencia resulta clave a la hora de especular con el futuro de la cotización. Desde BCG estiman que la demanda de cobre podría crecer 68% entre 2021 y 2035, mientras la industria enfrenta una menor concentración de cobre en los yacimientos existentes junto con mayores dificultades para descubrir nuevos depósitos de gran escala y períodos que rondan los 16 años desde la exploración hasta el inicio de la producción.
Al mismo tiempo, la AIE calcula que la oferta podría quedar cerca de 25% por debajo de los requerimientos de cobre primario hacia 2035.
En esa misma línea, Nicolás Parrondo, vicepresidente de Cohen Aliados Financieros, señaló que la producción minera global estuvo afectada este año por la menor calidad del mineral extraído en Chile, la escasez de nuevos proyectos y por interrupciones en grandes minas, como Grasberg, en Indonesia, donde un grave accidente en 2025 obligó a detener operaciones y todavía afecta la producción.
A esa rigidez estructural la acompaña una demanda sostenida por redes eléctricas, energías renovables y centros de datos. Sin embargo, Parrondo también distingue una presión más coyuntural relacionada con la política.
Ante la posibilidad de que Estados Unidos aplique aranceles al cobre refinado desde 2027, una gran cantidad de metal fue trasladada hacia ese país, reduciendo los inventarios disponibles en Londres y China.
Por eso, explicó que actualmente “hay escasez de metal disponible en esas plazas, más que un faltante global”, a lo que se sumaron un dólar débil y las medidas de apoyo de Beijing a la inversión en infraestructura y la actividad industrial.
De esta manera, ninguno de los analistas espera una trayectoria lineal. Meninato advirtió que pueden aparecer correcciones, ciclos económicos, mayor reciclaje y sustitución por otros materiales. Sin embargo, si la nueva oferta no llega a tiempo, consideró probable que el mercado necesite “precios de incentivo más altos” para hacer viables proyectos cada vez más costosos.
Parrondo coincide en ese punto y considera que “el piso de precios subió de manera estructural”, aunque con episodios recurrentes de volatilidad frente a cada problema de oferta.
A su vez, Nicolás Ferla, socio de Martínez de Hoz & Rueda, destacó que la presión ya no proviene únicamente de las industrias tradicionales y la transición energética, sino también de la inteligencia artificial, los data centers y la industria aeroespacial.
Qué empresas pueden capitalizar el cuello de botella
Ese crecimiento de la demanda abre oportunidades tanto dentro de la minería como en las actividades vinculadas con la electrificación. Según BCG, la potencia demandada por los data centers crecerá alrededor de 16% anual entre 2023 y 2028, hasta unos 130 GW, mientras la inteligencia artificial generativa explicaría cerca de 60% del incremento.
Ese proceso requerirá más generación y nuevas redes de transmisión y distribución de energía, todas infraestructuras intensivas en cobre. En ese contexto, Meninato señaló que productores con minas operativas y capacidad de expansión están mejor posicionados; entre ellos aparecen BHP, Codelco, Freeport-McMoRan y Anglo-Teck.
A su vez, Parrondo puso especial énfasis en Freeport, cuyas operaciones en Estados Unidos capturan un precio local superior al internacional y podrían sumar volumen con la recuperación de Grasberg hacia fines de 2027, aunque advirtió sobre el riesgo de ejecución, reflejado en la caída de más de 13% de la acción tras anunciar demoras en Indonesia.
Entre otras alternativas mencionó a Southern Copper, Lundin Mining, Antofagasta, Ivanhoe y Glencore, además de empresas de regalías, como Franco-Nevada y Wheaton, que permiten capturar parte de la suba del cobre sin asumir directamente los costos operativos de una mina.
Además de las productoras, fabricantes de cables y equipamiento eléctrico como Prysmian, Nexans, Siemens Energy y Schneider también pueden beneficiarse del aumento de la inversión en redes y centros de datos.
En cambio, Parrondo advirtió que las fundiciones independientes enfrentan márgenes más ajustados por la escasez de concentrado, mientras las industrias intensivas en cobre quedan más expuestas cuando no pueden trasladar el aumento del costo a precios.
Ferla agregó que el desarrollo de nuevas minas también genera demanda sobre toda la cadena de proveedores y servicios, un efecto particularmente relevante para Argentina ante el avance de sus principales proyectos cupríferos.
Argentina busca pasar de casi cero a principal productor mundial
La coyuntura nacional parte de una situación particular, porque Argentina prácticamente no produce cobre a gran escala desde 2018, cuando cerró Bajo de la Alumbrera, en Catamarca, que hasta entonces era la principal mina cuprífera del país, aunque cuenta con una amplia cartera de proyectos.
Entre los principales aparecen Vicuña, Taca Taca, El Pachón, MARA, Los Azules y San Jorge, mientras otros como Altar y Lunahuasi se encuentran en etapas menos avanzadas.
Para Meninato, el potencial existe, aunque transformar los recursos en producción requerirá resolver varios frentes en simultáneo. Al respecto, sostuvo que “tener los recursos no garantiza que esa producción se materialice”, ya que para alcanzar una producción cercana a 1,6 millones de toneladas anuales, buena parte de los grandes proyectos debería avanzar en paralelo y conseguir financiamiento, permisos, infraestructura y energía.
La escala sería significativa
Según Meninato, si Argentina produjera hoy ese volumen, sería el quinto productor mundial, detrás de Chile, Perú, República Democrática del Congo y China. Por eso, consideró que el desafío pasa fundamentalmente por la “velocidad y capacidad de ejecución” así como por resolver los cuellos de botella que surjan a medida que los proyectos avancen.
Ferla comparó el momento actual con Vaca Muerta diez años atrás y sostuvo que será necesario alinear a las compañías, proveedores y distintos niveles del Estado. En ese sentido, afirmó que “el potencial está, pero demandará mucho trabajo y compromiso que trascienda gestiones políticas y económicas”, con especial atención sobre la estabilidad jurídica y el desarrollo de infraestructura.
Parrondo, en cambio, plantea un horizonte más cauteloso para alcanzar la meta oficial. Josemaría, dentro de Vicuña, ya está en construcción, Los Azules apunta a tomar una decisión de inversión hacia fin de año y Glencore planea reactivar Alumbrera para producir desde 2028. Sin embargo, otros proyectos como El Pachón recién comenzarían las obras hacia 2031.
Por eso, teniendo en cuenta que los grandes desarrollos mineros suelen demorarse entre dos y cuatro años, el analista considera más probable alcanzar entre 600.000 y un millón de toneladas hacia 2035, mientras la meta de 1,6 millones podría desplazarse hacia 2038-2040.
Para llegar allí, Parrondo identifica desafíos vinculados con la infraestructura eléctrica y logística, la salida al Pacífico en coordinación con Chile, la estabilidad del RIGI, la licencia social y el propio precio del cobre.
Aun bajo ese escenario más moderado, estimó que Argentina podría ingresar al top 10 mundial y convertirse en una de las nuevas fuentes relevantes de suministro para Estados Unidos, Europa y las grandes compañías mineras.
Fuente: Ámbito
OP: Sebastián Almada


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