El Gobierno pisó pagos por $2 billones en marzo para cerrar la revisión del FMI

Así pudo cerrar las cuentas ante el FMI. Además de ello este año está contabilizando ingresos de privatizaciones. La recaudación fiscal cayó 8% en el primer trimestre.

El pilar de la estabilidad del Gobierno de Javier Milei, el superávit fiscal, no tiene la solidez que le hubiera brindado una reforma del Estado que haya derivado en un menor gasto. En rigor se mantiene en función del esfuerzo diario por no gastar. Así lo demuestran los datos de la Tesorería General de la Nación. La deuda exigible de la Administración Central, que es la Presidencia, los ministerios, y los poderes Legislativo y Judicial, creció 14% en términos reales desde marzo del año pasado al mismo mes de este.

Es lo que se conoce como deuda flotante. Es decir, el Gobierno recibe la factura del un proveedor y demora el pago. Así se explica que en el último mes y medio hayan proliferado protestas en diferentes áreas por demoras de pagos a proveedores.

En marzo, este tipo de deuda saltó a $4,04 billones, desde los $1,94 billones de febrero. Es decir: se pisaron pagos por casi $2 billones. En marzo del año pasado, el monto adeudado era equivalente a $3,5 billones ajustados por la inflación anual.

Pagos pisados y la negociación con el FMI

Tal como lo había anticipado este medio recientemente, el incremento de la deuda flotante coincidió con la revisión periódica del acuerdo con el FMI. Como la entidad solo se fija en el el “base caja”, es decir, dinero que entra contra dinero que sale, los números del mes cerraron bien. Entre enero y marzo, el Gobierno tenía que tener $4,3 billones de saldo primario favorable y alcanzó uno de $4,5. Si no hubiera demorado el pago a proveedores, es probable que no hubiera conseguido cumplir.

Un operador del mercado de capitales señaló recientemente en una charla con inversores que si bien la regla del superávit se cumple, el Gobierno lo está haciendo “a los ponchazos”. Y eso se debe a que la recaudación de impuestos sigue en baja, en parte por el menor consumo y por la caída de sectores como la industria, que traccionan actividad en las zonas urbanas, y por las rebajas de impuestos otorgadas a algunos sectores, como el campo.

La cosecha récord de la actual campaña y el boom exportador primario no consiguen compensar la caída de recursos. En el primer trimestre el Gobierno registró fuertes ingresos por más de $2 billones, sobre todo, por la privatización de la represa del Comahue y por rentas del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES.

Al respecto, el economista e historiador Pablo Gerchunoff afirmó en una entrevista para un canal de streaming: “Hay que sostener el equilibrio fiscal, pero como (Javier Milei) no quiere cobrar un impuesto más progresivo está paralizado. No puede hacer las rutas porque sería desequilibrio fiscal. Hay que decirlo, no tiene equilibrio fiscal, tiene gasto reprimido”.

Aprobadas las metas, baja la deuda

El recurso de pisar pagos no es novedoso. Se aplicó varias veces durante la gestión de Alberto Fernández, luego del acuerdo que firmó el entonces ministro Martín Guzmán. Al llegar a fin de año, la deuda exigible de la Administración Central crecía y luego bajaba en enero. Así se trataba de cerrar los números.

La deuda flotante es un recurso permitido por el FMI, pero con ciertos límites, ya que no puede superar al 10% del gasto corriente. Así que ahora es de esperar que el Gobierno trate de ponerse al día en las próximas semanas.

La verdad es que el equipo económico apuesta a una recuperación más importante de la actividad económica durante el segundo semestre, de la mano de una caída de la inflación. Y si ello ocurre, la recaudación fiscal debería subir.

Según datos del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), en el primer trimestre “los ingresos tributarios tuvieron un descenso en términos reales del 8%”, pero “los no tributarios subieron un 38,9% real interanual, impulsados por los ingresos extraordinarios por la privatización de la gestión de las represas del Comahue”. Se puede asegurar que el ancla fiscal es producto de la voluntad del Gobierno de defenderla, más que de una estructura del Estado.

Fuente: ÀMBITO

Por: G. Herrera

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